|
|
Quien mucho abarca, poco aprieta. Ya sé que los
refranes y más cuando
tocan la fibra moral no tienen buena prensa, pero es que, en el caso de
esta película de Malick, el que encabeza estas líneas viene que ni
pintiparado. Si una brizna de hierba contiene en sí misma todo el
universo, si el camino hacia lo complejo y profundo nace siempre de lo
simple, de lo local, de lo próximo, Malick ha tratado de seguir el camino
inverso, y la película se le convierte en un abstruso cóctel donde nadan
temas e ideas de lo más diverso, que no alcanza a elaborar de manera que
de esta suma de elementos nazca algo nuevo y, sobre todo, valioso. La
historia del niño sobre el que pivota lo que se nos cuenta no destaca
precisamente por su interés ni por su atractivo. Por otra parte, Sean
Penn, el actor que le da vida, en su llegada a la edad adulta, podría
desaparecer de la película y nadie lo echaría en falta; el mismo actor
parecer ser que reconoció ignorar cuál era en realidad su papel. |