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Una de las primeras cosas que llama la atención de esta
película, filmada en Berlín, es el nivel de destrucción de la ciudad a los
diez años de acabada la guerra. Ya no se ven aquellas impresionantes
acumulaciones de cascotes y de calles bordeadas de edificios de los que
solo queda en pie alguna que otra pared que pueden verse en "Alemania, año
cero", en menor medida en "Vencedores o vencidos", o de forma
impresionante en los documentales de las tropas soviéticas en su
triunfante e implacable avance hacia el corazón de la ciudad. Pero
aparecen aquí y allá, como un involuntario espolvoreado de realismo,
grandes edificios destruidos que dan cuenta de la situación. Cuando estuve
en Berlín poco después de alzado el muro, la ignorancia y tontería de mis
veinte años sólo pudo constatar la existencia de numerosos e inexplicables
solares y no fui capaz de interesarme por la razón de su existencia. Es
ahora que uno cae en la cuenta de que esos solares eran ya el último paso
en la eliminación de los restos. La película gira en torno de los lingotes
de oro nazi descubiertos por las tropas aliadas en el fondo de un canal y
de su repatriación a Gran Bretaña. Mai Zetterling que, como tantas mujeres
alemanas en la posguerra, ha tenido que dejar de lado cualquier prejuicio
moral para sobrevivir, vive en uno de estos edificios que amenazan ruina,
donde ha acogido a un grupo de niños huérfanos de guerra y tiene la
aspiración de ofrecerles un futuro más esperanzador en Brasil. A Richard
Widmark, policía militar del ejército de ocupación norteamericano,
enamorado de ella, se le enciende una lucecita en la imaginación que
alumbra un plan para que esos niños puedan emigrar.
La película, como no podía de ser menos - Mark Robson es un director
acreditado con 33 títulos a sus espaldas - mantiene el interés hasta el
final y la máxima pega que se le puede poner es que nadie sabe cómo
concluir con una trama en la que se debe decidir si el bueno que comete
maldades con una finalidad generosa es digno o no de un perdón dramático.
Sobre todo para la época, ese final solo podía resolverse en la confusión
y en esta película el final es confuso: absoluciones y condenas caen sobre
los personajes de forma arbitraria. |