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Cuando uno ha visto esta película a los doce o trece
años y recuerda ahora lo bien que se lo pasó y la de risas que le provocó,
resulta más que difícil enfrentarse nuevamente a su visión sin admitir que
se tiene un parti pris a lo hora de enjuiciarla. De todos modos, y
tratando de ser lo más objetivo posible, puedo decir que he vuelto a
disfrutar con ella, aunque las carcajadas de entonces hayan devenido solo
sonrisas. Es una buena película, con un ritmo perfectamente sostenido, un
buen trabajo de los actores - estupendo, por ejemplo, Danny Kaye - y una
buena asimilación de la tradición en la que se inserta, de las fuentes en
las que los guionistas bebieron: el tramo final de la película, por
ejemplo, es digno heredero del desmadre que los Marx aplican a la
representación de "Il trovatore" en "Una noche en la ópera", y la verdad
es que Danny Kaye está más que bien en esas escenas. Por todo ello, sigo
considerando que es una película perfectamente recomendable y que puede
competir dignamente con otras posteriores, de más nombradía quizás, pero a
lo mejor de menor calidad e interés. |