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Lástima que James Mangold, director de esta cinta, no
hubiera tenido presente uno de los lemas del arquitecto Mies Van der Rohe,
"menos es más", porque, de haberlo hecho, su película hubiera ganado una
enormidad. Sí, porque si a los remakes, y esta película es un remake de la
de Delmer Daves del año 1957, se les suele aplicar con toda justicia
aquello de que nunca segundas partes fueron buenas, en este caso, hasta
que se aproxima el climax final, la película de Mangold podría haber sido
la excepción que confirma la regla. Desgraciadamente el director de "El
tren de las 3,10" se deja arrastrar en esas escenas por una ventolera
malsana que inunda la pantalla de pistoleros a granel, escopetas y todo
tipo de armas de fuego escupiendo balas y metralla, y se pierde en esta
balacera, que dirían por ahí, todo sentido del ritmo, y lo que es peor, el
respeto al tiempo de la narración que como indica el propio título es
fundamental en el argumento.
Por otra parte, un mínimo respeto a la credibilidad de la acción que se
filma, hubiera sido de agradecer. Si no recuerdo mal, en la versión
primigenia Van Heflin se las ingenia para trasladar a su prisionero hasta
la estación a base de un carromato y un rifle clavado en la mandíbula de
Glenn Ford. Es verosímil o al menos a mí me lo parece. La absurda carrera
por callejones, azoteas y viviendas, que, además, se eterniza, esquivando
balas a mansalva, resulta de comic barato. Una verdadera lástima porque
hasta ese momento estaba construyendo un western apañado capaz de competir
dignamente con el de 1957. Lástima, repito. |