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Que los
coleccionistas son unos seres extraños es una verdad sabida. Los hay de
todo tipo y condición, tantos como posibles temas de colección, pero todos
ellos disfrutan buscando, localizando y obteniendo la pieza. Después viene
ordenar, clasificar, agrupar. Y, después, mostrarlos a los curiosos, en
forma de exposición o en forma de libro.
En este
caso, el libro presenta una colección de portadas de los microsurcos en
los que aparece una figura femenina, bien sea una cantante individual,
bien una vocalista de un grupo, bien una modelo contratada para ilustrar
el tema orquestal. Se expone por agrupación de tipologías según la
imaginación del fotógrafo y del diseñador de portadas. Así, tenemos a
muchachas de cuerpo entero. En primer plano. Con objetos en la mano. Con
el mar detrás. Subidas a motos. Montadas en coches. Con los ojos
cerrados. Con los ojos abiertos. Gesticulando con las manos. Apoyándolas
en el mentón. Columpiándose. Comiendo una manzana. Maquilladas. Con
peluches. Con animales de verdad. Con gatos. Perros. Loros. Disfrazadas
de toreras. Con pendientazos. Con flores en el pelo. Con moños crepados.
Con melenas lacias. Yeyés o románticas. Echadas sobre pieles. Trepando
una montaña. Con velas encendidas.. La imaginación de los fotógrafos
parecía portentosa...pero al hojear el libro se descubre que transcurría
por unos cauces que llevaban a la repetición de posturas, composiciones,
poses, objetos, colores o muecas. Una búsqueda común de un lenguaje
gráfico moderno.
Los
lectores añosos tendrán un colocón de naftalina al recuperar a una joven
Lola Flores o una púber Marisol. También un estremecimiento neuronal
cuando reconozcan a algunas que andaban perdidas por algún pliegue de su
memoria: Luisita Tenor o Gelu . O grupos como las Hermanas Allegue o Los
Modernaires. Los jóvenes, a su vez, tendrán una lección de estética
retro que les permitirá ver qué se entendía por modernidad en los 40, 50 ó
60. Y también los elementos que el diseño actual ha recuperado o
reelaborado. Afinando un poco, con una buena lectura de este libro
pueden elaborar reflexiones de mayor enjundia: las débiles líneas que
separan el buen gusto de lo cutre, lo sofisticado de lo hortera y lo
sublime de lo ridículo. Eso sí: a todos, mayores y jóvenes, se les
escapará la risa ante la visión de algunas portadas en las que el
fotógrafo creía ser único...y estaba siendo idéntico al de la portada
del vecino. Las copias o las afinidades electivas dejaron compuesto un
friso de época. |