Título Los años contados
Autor José Luis Giménez-Frontín
Editorial Bruguera
Aparición 2008
Páginas 442
Precio 19,50 €

 

El escritor José Luis Giménez Frontín presenta un extenso libro de memorias, de más de 400 páginas. Están organizadas en capítulos breves, bien titulados, bien estructurados y mejor engarzados. La voz narrativa es firme, serena, coherente. El autor domina el discurso y la selección de la realidad que desea efectuar sobre su propia vida, de la que extrae los hechos, personas y sucesos que lo explican como personaje y como persona.

El lector se desliza por estas unidades narrativas con gusto. De hecho, es uno de esos libros que se comienzan a leer utilizando la forma del picoteo: páginas abiertas al azar, búsqueda de nombres y referencias concretas...Pero, poco a poco, se impone  la unidad de su planteamiento, y ésta conduce al caprichoso lector a una lectura más sistematizada, siguiendo el orden desde la primera página hasta la última.

La crítica ha destacado dos aspectos en este libro que merecen ser puntualizados e incluso refutados. El primero es la ausencia de revelaciones íntimas que traslucen estas páginas memorialísticas. El pudor con el que el autor trata sus aspectos de vida amorosa es realmente notable; un pudor que defiende estupendamente en el capítulo 68, en el que manifiesta su deseo explícito de distanciarse de la actual exposición impúdica de lo personal.  Sin embargo, lo que la crítica no ha señalado  es una sinceridad que, sin aspavientos, lleva al autor a dejar constancia de acciones u omisiones que, vistas desde hoy,  le merecen su condena o su crítica. A título de ejemplo, las páginas que dedica a J.B. Beltrán, un poeta jesuita hoy escasamente valorado.  Son momentos de preciosa intimidad del yo que escribe, y que superan en interés y sinceridad – en intimidad, en suma - a la exhibición de secretos amatorios.

El segundo aspecto saludado por la crítica es la consideración de este libro como un ejemplo de vida de los vencedores de la Guerra Civil. Así se manifiesta, por ejemplo, Laura Freixas en su artículo del suplemento Culturas de La Vanguardia del 12 de noviembre de 2008.  Según este enfoque, el libro de Giménez -Frontín, junto a los de Esther Tusquets o Cristina Fernández Cubas, es un exponente de las "familias bien" de derechas, los vencedores de la guerra, a las que les ha salido un hijo izquierdoso, rebelde y  artista. Así, estos libros de memorias son un exponente sociológico de los renegados de una clase, un estupendo documento para apoyar una única lectura posible de un tiempo o un país. Y sí, nadie escapa de su esquema social. El escritor es un burgués metido a progre. Pero no es sólo eso, y el libro bien lo demuestra.  Es el niño, el estudiante en los jesuitas, el veraneante en Caldetes,  el poeta, profesor, crítico, editor, gestor cultural, bohemio, buscador de empleos, pseudohippy, riguroso académico, juez ocasional ante la falta de trabajo, observador atento del mundo cultural barcelonés, británico e internacional, y muchas otras cosas, con una carrera errática, una situación no siempre estable, que no esconde ni camufla. En suma, es el dibujo de una individualidad más compleja y rica que un simple retrato ideológico. Afortunadamente, triunfa la memoria y no la crónica; la literatura y no la sociología.