|
Los autores
siguen la pista a determinadas ideas, un poco en la línea de Isaiah
Berlin. No tratan de ponderarlas intrínsecamente sino que las consideran
como entidades que aquí están, con su origen, su historia y sus
consecuencias.
Son estas
últimas las que otorgan al análisis un interés especialmente actual y
evidente, ya que el título no se refiere a las actitudes favorables a
occidente, como su primera parte parece sugerir, sino al contrario, a
aquellas que le son hostiles, como aclara la segunda. Ahora bien, todos
tenemos in mente organizaciones y actuaciones antioccidentales cuya
crueldad hace casi inevitable tener que preguntarse por las ideas que hay
detrás. Esto, en fin, si consideramos cierto que son un factor altamente
influyente, ya que también podríamos decantarnos por los factores
económicos, las pasiones humanas o por todo a la vez. Sea como sea, el
libro hace aportaciones que parecen ampliamente válidas y articulables con
otros enfoques. Al fin y al cabo el ser humano siempre tiene cabeza y en
la cabeza conceptos que enmarcan su actuación.
Un
factor común de los diversos capítulos del libro es afirmar que el origen
de las ideas contrarias a occidente está principalmente en este mismo
occidente. Es una tesis muy convincente en tres de los principales
capítulos, cuyo contenido resulta familiar desde un cierto conocimiento de
la cultura europea. Se trata del capítulo dedicado a la ciudad occidental,
del dedicado a la contraposición clásica entre civilización y cultura y
del que se centra en lo que podríamos llamar, según sus críticos,
materialismo occidental. En cada uno de ellos los autores desarrollan
panoramas ideológicos europeos y su influencia en otras zonas,
principalmente Rusia, Japón, China y países islámicos.
Donde
parece menos decisiva la genealogía europea de las ideas es en la
mentalidad del actual islamismo radical. De acuerdo con la exposición de
los autores diríase más bien que los orígenes propiamente islámicos son
altamente determinantes.
Interesante, en cualquier caso, la explicación de los conceptos que llevan
a algunas corrientes islámicas hasta el desprecio absoluto de la
civilización occidental como corrupta y decadente. Uno entiende entonces
que los insultos estereotipados que nos dirigen sus líderes son
completamente sinceros.
También suscitan dudas algunas de las conexiones establecidas entre ideas
y acontecimientos. Hacer responsable al idealismo alemán, por ejemplo, del
nazismo – no son los primeros - parece un poco de brocha gorda. Como
parece francamente superficial afirmar – tampoco aquí son los primeros –
que los oprimidos tienden a retirarse a la vida interior del espíritu.
Sea
como sea, Occidentalismo es una valiosa aportación a la historia y
análisis de las relaciones entre culturas, a la historia de las ideas y a
la reflexión sobre la influencia de las ideas en los acontecimientos. Da
mucho en pocas páginas y está escrito con fluidez y panorámica. |