Una imaginaria
agencia de publicidad podría lanzar un anuncio de esta guisa: "Si un
autor clásico no le gusta, el problema lo tiene usted, no él: lea
a Henry James".
La primera
afirmación, demasiado universal y agresiva para ser cierta aunque sea
un principio que puede beneficiosamente imponerse a sí mismo quien crea
en el valor formativo de las disciplinas humanistas, no deja de lanzar
un reto de cierta validez general que adquiere particular relevancia en
el caso del autor mencionado.
Porque los libros de James,
preciso es reconocerlo, parece ser que a muchos les resultan enteramente
indigeribles.Casi podríamos dar por comprensible este hecho si quisiéramos
convencernos de que su literatura contiene elementos definitivamente
irreconciliables con una inteligencia sana y práctica, respetable, por
lo tanto, en grado sumo. Por ejemplo, los larguísimos y detallados
rodeos a los que nos somete hasta que algo pasa, muy poco, o bien la
extrema estilización de los personajes que, so capa de verosimilitud,
son más bien ideas puras enmarcadas en una profusa encarnación.
Pero como sobre gustos ha de haber,
si no disputa, por lo menos análisis y contraste, y como, por otra
parte, aquí no se trata solamente de gustos sino también de mérito
literario, pensamos y declaramos que James es un autor verdaderamente
notable y que quien puede leerlo con gusto, gracias debe dar a la musa
que le ha facilitado tan bello y peculiar recorrido.
Sus descripciones, principalmente
dedicadas a los acontecimientos interiores de sus personajes, son
altamente preciosistas. La acción, prácticamente inexistente. Los
caracteres, perfilados frecuentemente hasta el extremo de sí mismos,
son dignos de un olimpo de prototipos. El cuadro, siempre pintado en
suaves tonos pastel para dibujar pequeños acontecimientos, suele ir
subiendo hasta intensidades dramáticas y matices casi esperpénticos.
Crea tanta expectación como la mejor de las intrigas. Y, curiosamente,
algunas de sus mujeres presentan un caracter sumamente fuerte y sus
hombres más bien al contrario.