Título La pátina del tiempo y otros relatos
Autor Henry James
Editorial Valdemar - Madrid
Aparición 2000
Páginas 328
Precio 7,21 €
 

 

      Una imaginaria agencia de publicidad podría lanzar un anuncio de esta guisa: "Si un autor clásico no le gusta, el problema lo tiene usted, no él:  lea a Henry James".

        La primera afirmación, demasiado universal y agresiva para ser cierta aunque sea un principio que puede beneficiosamente imponerse a sí mismo quien crea en el valor formativo de las disciplinas humanistas, no deja de lanzar un reto de cierta validez general que adquiere particular relevancia en el caso del autor mencionado.

        Porque los libros de James, preciso es reconocerlo, parece ser que a muchos les resultan enteramente indigeribles.Casi podríamos dar por comprensible este hecho si quisiéramos convencernos de que su literatura contiene elementos definitivamente irreconciliables con una inteligencia sana y práctica, respetable, por lo tanto, en grado sumo. Por ejemplo, los larguísimos y detallados rodeos a los que nos somete hasta que algo pasa, muy poco, o bien la extrema estilización de los personajes que, so capa de verosimilitud, son más bien ideas puras enmarcadas en una profusa encarnación.

       Pero como sobre gustos ha de haber, si no disputa, por lo menos análisis y contraste, y como, por otra parte, aquí no se trata solamente de gustos sino también de mérito literario, pensamos y declaramos que James es un autor verdaderamente notable y que quien puede leerlo con gusto, gracias debe dar a la musa que le ha facilitado tan bello y peculiar recorrido.

      Sus descripciones, principalmente dedicadas a los acontecimientos interiores de sus personajes, son altamente preciosistas. La acción, prácticamente inexistente. Los caracteres, perfilados frecuentemente hasta el extremo de sí mismos, son dignos de un olimpo de prototipos. El cuadro, siempre pintado en suaves tonos pastel para dibujar pequeños acontecimientos, suele ir subiendo hasta intensidades dramáticas y matices casi esperpénticos. Crea tanta expectación como la mejor de las intrigas. Y, curiosamente, algunas de sus mujeres presentan un caracter sumamente fuerte y sus hombres más bien al contrario.