Título Les arrels romàntiques del present
Autor Salvador de Brocà
Editorial Edicions 62
Aparición 1997
Páginas 224
Precio 19,53 euros

 

El libro nos describe la parábola dibujada por una parte muy significativa de la intelectualidad europea a lo largo de los dos últimos siglos. Primero un intento impetuoso de elevación bajo la incitación de las ambiciones más altas y después la caída en el nihilismo. El autor tiene, al respecto, una formulación concisa y expresiva: “El cruce de la infinitud anhelada y la nada vivenciada.” 

Se compone de tres partes con un total de quince capítulos. Analiza especialmente obras de filósofos, aunque las relaciona continuamente con otros aspectos de la cultura y de la sociedad. 

El interés del libro está sobre todo en dos cosas: en su hilo conceptual, muy sostenido a lo largo de toda la obra y cuyo centro es la polaridad anhelo de infinitud-nihilismo mencionada antes, y en la amplitud de los materiales tratados. 

La forma del libro, por otra parte, parece derivarse de una mente con una estructura tanto histórica como filosófica. El autor no está especialmente interesado en definir etapas y secuencias temporales en los fenómenos que explica; más bien parece que el concepto filosófico le ofrece y demarca los campos en los que se introduce después para narrar las vicisitudes del pensamiento y del espíritu dentro de ellos. El estilo de la escritura es fluido  y nos lleva con suave sinuosidad por la densa arboleda de las creaciones filosóficas y culturales europeas del periodo considerado. 

Un título, por otra parte, que conviene tomarse como un reto. ¿Está justificado? ¿Tiene el presente,  realmente, significativas raíces románticas? El autor no hace un análisis directo del presente en tanto que derivado de ideas y actitudes románticas, probablemente porque deja este último paso para la reflexión propia del lector después de haber proporcionado los suficientes datos y pistas. Sin embargo, la tarea que nos queda después de haber leído el libro no es nada desdeñable, pues la herencia romántica está probablemente en nosotros, si usamos  una distinción de Ortega y Gasset, más como un conjunto de creencias que de ideas. Ahora bien, creencias son aquellas ideas que tenemos en el cerebro sin darnos cuenta de que las tenemos. Por esto configuran de una manera muy automática lo que entendemos por realidad objetiva y obvia, escapando así a la duda y a la consideración reflexiva. De aquí la dificultad de acceder a la herencia romántica en nosotros. 

Pero está en juego el correcto juicio sobre grandes formaciones culturales y sobre cuestiones filosóficas y también muchas cosas en el plano existencial. Respecto a este último, tengamos en cuenta que el Romanticismo propone decididamente un modelo de existencia de perfil bastante determinado. El autor lo desarrolla en varios momentos pero especialmente en el tercer y cuarto capítulo de la primera parte. He aquí la descripción que hace del héroe romántico: “Pretende servir un ideal interior, una misión exclusiva y normalmente solitaria; dicho brevemente, un destino, en el cual reside su dignidad y al cual consagra toda su vida con la más absoluta indiferencia respecto al valor de verdad que pueda haber en el ideal asumido.”