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El libro
nos describe la parábola dibujada por una parte muy significativa de la
intelectualidad europea a lo largo de los dos últimos siglos. Primero un
intento impetuoso de elevación bajo la incitación de las ambiciones más
altas y después la caída en el nihilismo. El autor tiene, al respecto, una
formulación concisa y expresiva: “El cruce de la infinitud anhelada y la
nada vivenciada.”
Se
compone de tres partes con un total de quince capítulos. Analiza
especialmente obras de filósofos, aunque las relaciona continuamente con
otros aspectos de la cultura y de la sociedad.
El
interés del libro está sobre todo en dos cosas: en su hilo conceptual, muy
sostenido a lo largo de toda la obra y cuyo centro es la polaridad anhelo
de infinitud-nihilismo mencionada antes, y en la amplitud de los
materiales tratados.
La
forma del libro, por otra parte, parece derivarse de una mente con una
estructura tanto histórica como filosófica. El autor no está especialmente
interesado en definir etapas y secuencias temporales en los fenómenos que
explica; más bien parece que el concepto filosófico le ofrece y demarca
los campos en los que se introduce después para narrar las vicisitudes del
pensamiento y del espíritu dentro de ellos. El estilo de la escritura es
fluido y nos lleva con suave sinuosidad por la densa arboleda de las
creaciones filosóficas y culturales europeas del periodo considerado.
Un
título, por otra parte, que conviene tomarse como un reto. ¿Está
justificado? ¿Tiene el presente, realmente, significativas raíces
románticas? El autor no hace un análisis directo del presente en tanto que
derivado de ideas y actitudes románticas, probablemente porque deja este
último paso para la reflexión propia del lector después de haber
proporcionado los suficientes datos y pistas. Sin embargo, la tarea que
nos queda después de haber leído el libro no es nada desdeñable, pues la
herencia romántica está probablemente en nosotros, si usamos una
distinción de Ortega y Gasset, más como un conjunto de creencias que de
ideas. Ahora bien, creencias son aquellas ideas que tenemos en el cerebro
sin darnos cuenta de que las tenemos. Por esto configuran de una manera
muy automática lo que entendemos por realidad objetiva y obvia, escapando
así a la duda y a la consideración reflexiva. De aquí la dificultad de
acceder a la herencia romántica en nosotros.
Pero
está en juego el correcto juicio sobre grandes formaciones culturales y
sobre cuestiones filosóficas y también muchas cosas en el plano
existencial. Respecto a este último, tengamos en cuenta que el
Romanticismo propone decididamente un modelo de existencia de perfil
bastante determinado. El autor lo desarrolla en varios momentos pero
especialmente en el tercer y cuarto capítulo de la primera parte. He aquí
la descripción que hace del héroe romántico: “Pretende servir un ideal
interior, una misión exclusiva y normalmente solitaria; dicho brevemente,
un destino, en el cual reside su dignidad y al cual consagra toda su vida
con la más absoluta indiferencia respecto al valor de verdad que pueda
haber en el ideal asumido.” |