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Gran
parte de nuestra sociedad sabe que para triunfar profesionalmente no es
necesario ser un lector, e incluso se vanagloria de ello. Pero hay otra
parte, en la que se encuentran los profesores y los intelectuales, que
sabe que no puede declararse no lector, y se avergüenza de confesar que no
ha leído tal libro o tal otro.
Bayard
se dirige a este segundo grupo. Su obra no es, como parecería desprenderse
del provocativo título, una suma de trucos para pasar por culto, sino una
reflexión sobre el alcance de lo que significa leer. Así, cuando afirmamos
conocer una obra, ¿nos referimos a que en algún momento la leímos de cabo
a rabo y la comprendimos a la perfección? ¿Qué sucede si no recordamos
nada de lo que leímos? Y aunque hayamos leído el libro y lo retengamos en
nuestra mente ¿no es cierto que para aquilatarlo sería necesario haber
leído otros libros de su autor, e incluso su valoración crítica? Por otro
lado, si se tiene una cierta cultura e intuición, ¿no es legítimo hablar
de una obra que, aun sin haberla leído, podemos situar perfectamente en
su contexto, y calificarla de obra canónica, best seller,
literatura basura, obra de género o de obra de culto...? ¿Y
qué sucede si sabemos perfectamente de qué va un libro que no hemos leído,
pero hemos visto su versión cinematográfica, o hemos leído sus críticas, o
hemos oído comentar hasta la saciedad?
En
suma, ¿dónde está el límite preciso entre la lectura y la no-lectura?
Bayard deja abiertas estas cuestiones, que son habituales entre los
teóricos de la lectura, y que plantean interrogantes sobre la esencia del
conocimiento, pero las responde en forma de juego. Así, cada capítulo
está dedicado a algún pasaje literario –o incluso cinematográfico- en el
que algún individuo se encuentra ante una situación de no-lectura (por
olvido, deducción, confusión, pereza, etc...) y la solventa o razona a su
manera: desde las reflexiones de Montaigne sobre la memoria a los
subterfugios de Rollo Martins - la memorable escena de El tercer hombre
en que responde a las preguntas sobre libros de alta cultura con datos de
novelas del oeste -, pasando por El nombre de la rosa, o las obras
de Oscar Wilde o David Lodge. Una verdadera antología literaria de la
no-lectura tratada con gracia, agudeza...y un cierto sentido del juego en
el que, como lectores, nos vemos un poco atrapados. Tal vez por esta
razón el autor elige unos textos y omite otros básicos en este campo,
como Si una noche de invierno un pasajero, de I. Calvino,
verdadero vademecum de situaciones de no-lectura, o Amnesia in literis,
de P. Süskind, un homenaje al olvido de los libros leídos, o Los
demasiados libros, de G. Zaid, una reflexión sobre la inutilidad de
poseer y leer más de un cierto número de libros.
Concluyamos que Comment parler des livres que l’on n'a pas lus? no
es un tratado teórico, ni un libro de consejos prácticos, ni un inventario
de textos, sino un cúmulo de intuiciones, observaciones agudas y
remembranzas literarias que harán que, ay, este libro no forme parte de
nuestros libros no leídos. |