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Relectura de una novela de Austen y nueva sorpresa. El mundo en el que
se desenvuelven los personajes es extraordinariamente limitado: gentes
prósperas que viven en un marco rural y que no necesitan trabajar. Se
dedican a visitarse los unos a los otros prácticamente cada día ,
organizan excursiones, bailes, reuniones, juegos, comidas, cenas. Los
invitados no se limitan a estar solamente unos días en casa de sus
huéspedes sino que suelen estar largas temporadas. En conjunto y durante
periodos de tiempo largos forman una comunidad pequeña por la
dispersión del medio y la lentitud de los transportes. Un mundo ajeno a
cualquier tipo de aventura, que ignora la política, la religión, el
trabajo, las angustias psicológicas o metafísicas, en fin, que lo ignora
todo salvo una cosa: ¡ las vicisitudes previas a los noviazgos!
¿Pueden imaginarse unos puntos de partida menos prometedores ? Pero a
lo largo de las novelas de Austen hay un fino análisis de caracteres y
de relaciones entre caracteres. Y su apreciación de la realidad que
describe va desde la amabilidad hasta una acidez corrosiva pasando por
una ironía de tono suavísimo pero profunda penetración. Unos retratos
precisos e impecables. ¿Se deriva de aquí su genialidad y el placer de
leer sus obras?
Excelente prólogo en la edición mencionada. Subraya los dos polos de
Austen: una acerada crítica de la sociedad sin proponer escapatorias, al
contrario, aceptando que el individuo tiene obligaciones para con ella.
Un posible punto de partida de meditaciones interesantes a contrastar
con la exaltación romántica del individuo fuera de todo contexto o, más
frecuentemente, contra su contexto. |