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El protagonista de la novela es la
India, un mundo muy heterogéneo pero unificado, parece, por la
coexistencia natural y fluida de sus componentes. Las plantas y los
animales nacen, luchan y mueren con aceptación de su destino, sin
contorsiones ni dramas. O así lo vemos nosotros, hombres, que nos
distanciamos, por la reflexión, de lo que hacemos y de lo que somos y lo
ponemos en duda, duda que se concreta en juicios lógicos, morales y
estéticos. ¿Es verdad? ¿Es justo? ¿Es bello? Estas preguntas,
frecuentemente cortantes y creadoras de conflictos, parecen inseparables
de cualquier configuración colectiva o individual en el mundo occidental.
Kipling nos dibuja una India en la que tal cosa no parece ocurrir, una
India semejante a la naturaleza, donde seres humanos de las más diversas
configuraciones despliegan sus vidas y sus relaciones con la viveza y la
indiferencia propias de las selvas. ¿ Realidad o mito?
Kim es huérfano de madre
inglesa y de padre irlandés, militar de baja graduación. Es un pillo de
las calles de Lahore y pasa totalmente por hindú. Al principio de la
novela se convierte en ayudante (chela) de un monje budista que busca el
río de la Flecha , así llamado porque, según cuenta la tradición, su
origen está en que Buda disparó una flecha y ésta hizo manar una fuente
del punto en el que chocó con el suelo. Este río tendría, presuntamente,
la capacidad de romper la cadena de reencarnaciones de la persona que en
él se bañase.
Para buscar el río de la
Flecha, Kim y su monje han de emprender un viaje de exploración, la cual
cosa es ocasión para entrar en diversos paisajes físicos y humanos de la
India. Peripecias de otra naturaleza harán entrar en contacto a Kim con el
mundo inglés.
La pareja monje-Kim es
curiosa. El primero vive y se mueve por sus convicciones, no toca
demasiado con los pies en el suelo, y se merece ser descrito
frecuentemente con una cierta ironía. Todo lo contrario de Kim, conocedor
de la gente y de los trucos para sobrevivir. Lo que les une es, según
parece, el afecto. |