Título La cultura. Todo lo que hay que saber
Autor Dietrich Schwanitz
Editorial Santillana
Aparición 2007
Páginas 702
Precio 16,90 €

 

 

Con este título parece ofrecernos lo que la cultura justamente no es, un paquete meramente predefinido. En realidad tal vez es una conjunción entre ese paquete (o parte de él) y un indispensable componente personal pues, ¿no estaríamos de acuerdo en que tiene más peso el elemento personal que el predefinido? En otras palabras, ¿no es más culto quien tiene una lectura personal de un solo libro o la percepción personal de un solo cuadro que aquel que tiene la capacidad de acumular conocimientos convencionales -a lo loro, digamos- sobre historia, arte, filosofía y literatura? 

Pero en el título de la obra que comentamos no aparece ni por un momento el elemento personal y con su “hay que” suena a apelación a las reglas establecidas por el consenso más o menos arbitrario y vanidoso de algún grupo social: “hay que” leer tal libro, “hay que” ir a tal exposición o museo. 

Ni “hay que” ni nada, vaya fastidio. Pero también es indudablemente cierto que la cultura es un corpus más bien objetivo, en el límite, enteramente objetivo. Como dice nuestro autor, nuestro mundo, el mundo occidental, es un tejido de historias que provienen de la Biblia, de la Ilíada y de la Odisea. ¿Puede uno ignorarlas apelando, por ejemplo, a que no vibra con ellas? Pues sí. Pero la cultura objetiva mide al individuo y en un grado muchísimo menor, también ocurre al revés. Por esto, amigo, si no vibras con nada de lo que está en el catálogo de la cultura objetiva, probablemente eres un tochete. En este catálogo están las ideas, las experiencias, la vida que tantea y avanza de nuestros antepasados, que ahora constituyen nuestro suelo, nuestro aire y nuestro horizonte, a veces amplios y despejados, a veces confusos y sórdidos. Sin ellos no somos nada. Sin la confrontación con ellos somos poco. 

Por lo tanto, tenemos dos obligaciones (si nos queremos considerar humanos occidentales , la cual cosa puede y debe ser objeto de reflexión y decisión pues ¿verdaderamente vale la pena?) ; adentrarnos en el catálogo de la cultura objetiva, pero además  masticar, tragar, rumiar, regurgitar, volver a tragar (perdón por el mal gusto) y a ver qué queda al final. 

Para ello el libro de Schwanitz  puede ser útil. Como índice de contenidos tiene un inevitable margen de arbitrariedad, pero principalmente elige con acierto. Frecuentemente hace gala de una gran capacidad de síntesis y también sabe usar muy bien oportunas dosis de ironía.