Título La literatura en perill
Autor Tzvetan Todorov
Editorial Galàxia Gutenberg
Aparición 2007
Páginas 101
Precio 17,50 €

 

 

“El diablo, ahíto de carne, se metió a predicador”: este castizo refrán viene constantemente a la mente de esta lectora a medida que va avanzando en la lectura de La literatura en perill. Tzvetan Todorov, uno de los preclaros estudiosos, promotores y valedores de los estudios estructuralistas de la literatura, uno de los “mandarines” o “maîtres à penser” de la escuela formalista francesa, se confiesa al final de su vida un tanto angustiado por la deriva que han tomado actualmente los estudios literarios, deriva que él y sus colegas propiciaron hace más de 40 años. Todorov sostiene hoy que enseñar a amar la literatura ha de pasar por enseñar a los lectores a ahondar en todo lo que un libro les puede aportar sobre sí mismos, sobre el mundo que les rodea y sobre la complejidad de los seres humanos, y no por medir elementos compositivos o formales de un texto.¡Haberlo dicho antes, hombre!  

Pero Todorov no se lamenta de sus errores con pleno arrepentimiento. Para Todorov, la sequedad académica actual responde a una lectura exagerada y sesgada de las directrices que tanto él como sus colegas propusieron en los 60 y 70. En este sentido sostiene que el enfoque formalista era un primer paso para llegar a una lectura personal y espiritual del libro, aspecto que no fue entendido por sus seguidores. Sostiene también su peculiar razón para refugiarse en los estudios formalistas: como estudioso que vivía  en un país oprimido por la férrea censura comunista, los estudios formalistas le permitían evitar las directrices ortodoxas marxistas, problema que no compartían sus colegas franceses. ¡Ay, estos discípulos que no interpretan bien el pensamiento de sus maestros, y lo exageran y en definitiva, lo desvirtúan! Ya lo decía Clarín en muchos de sus cuentos; también el Hitchckok de La soga o hasta Don Emilio Castelar cuando decía “No sabe usted lo mal que suenan mis pensamientos cuando se los oigo decir a usted”... 

Pero nuestro diablo Todorov tiene muchas cosas a su favor: escribe bien, de forma convincente y directa; tiene su historia ideológica a cuestas; tiene una sincera preocupación por la enseñanza elemental que le honra y que lo distingue de muchos pedantes de tres al cuarto. Sus reflexiones sobre la aproximación de la literatura a la Verdad por encima del Bien o de la Belleza son, no por menos dichas, menos esclarecedoras, inteligentes y útiles. Sus argumentos, impecables; sus ejemplos, pertinentes, y su discurso, en definitiva, inteligente y lúcido.

De lectura imprescindible para todos los lectores, en especial para profesores de cualquier enseñanza. Y para cualquier lector tentado de dogmatismo metodológico: tal vez vaya hacia la Verdad teórica directamente y se evite el largo periplo que ha llevado a Todorov a estas reflexiones maduras e inteligentes. Bienvenidas sean, hélas!