Abono Si una planta no florece y sólo saca hojas, probablemente sea debido a una falta de fósforo en el abono. Si crecen raquíticas y pequeñas es señal de que les falta nitrógeno. Cuando las puntas de sus hojas se secan, se vuelven marrones y se enrollan, es indicio de que les falta potasio. Finalmente, cuando amarillean, por lo general, están reclamando hierro.
  Si tienes dudas en cuanto a las cantidades de abono que has de utilizar, piensa que más vale siempre abonar menos que más, ya que un exceso de substancias nutritivas genera sales en la tierra e impide que las raíces puedan absorber la humedad necesaria.
  Las plantas jóvenes recién trasplantadas no deben abonarse hasta transcurridas entre cuatro y seis semanas, dado que la nueva tierra que les facilitas contiene alimento suficiente.
  El fósforo procura un vigoroso crecimiento a las raíces de la planta, el nitrógeno es vital para el desarrollo de las hojas y la potasa garantiza el florecimiento y la conserva sana. Un abono completo llevará todos estos ingredientes y otros más, en proporciones determinadas. También puede recurrirse a abonos específicos, bien sea para plantas sin flor, para cactus, orquídeas, azaleas, hidrocultivo, etc. E incluso puede que te apetezca recurrir a los abonos tradicionales, como los posos ya secos del café o las hojas de té que, una vez frías, se mezclan con la tierra, o regar con los restos de las botellas de agua mineral. Estos procedimientos, que pueden disminuir la frecuencia del abono químico, no pueden reemplazarlo, sin embargo, totalmente.
Abrillantar Puedes sacar brillo a las hojas con cualquiera de los productos que se venden en las tiendas especializadas, pero también puedes recurrir a una fórmula casera, lo que siempre te resultará más económico. Vierte cerveza y leche en un bol, a partes iguales, y bate la mezcla. Usa una esponja o un pincel para aplicarla a las hojas de las plantas y saca brillo después con un paño limpio. Al mismo tiempo lograrás alejar los insectos de las plantas, ya que la mezcla no les gusta demasiado.
  Vierte unas gotas de glicerina en un paño y frota las hojas verdes de las plantas de interior con él. Verás que el resultado es magnífico y, además, que la glicerina tiene la virtud de repeler el polvo.
Aceite Si quieres cortar el césped sin que se pegue a las cuchillas, engrasa éstas con un poco de aceite.
Acuario Si tienes unos pececillos rojos, no tires el agua de su acuario; es un agua enriquecida por desechos orgánicos que tus plantas agradecerán.
Adorno En lugar de adornar la casa con los clásicos floreros, opta por reunir varias plantas en un cuenco grande de barro. Las diferentes formas y colores de sus flores sustituirán ventajosamente el florero. Estas combinaciones solamente tienen el inconveniente de que las plantas allí reunidas han de tener unas exigencias de agua, luz y temperatura similares. Puedes sacarlas de sus tiestos para trasplantarlas o mantenerlas en ellos. La primera opción tiene un problema, el de la propensión de las raíces de las distintas plantas a enredarse entre sí, de forma que si tuvieras que sustituir una de ellas te las verías y desearías para extraerla sin dañar a las demás. Puedes, pues, dejarlas en sus macetas y rellenar con tierra los huecos.
Agua Si el agua de la zona donde vives es excesivamente calcárea para las plantas, extiende al pie de ellas una gruesa capa de turba y espolvoréala con un poco de azufre. Actuará como filtro de la cal. Conviene cambiar la capa de turba cada 2 años.
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