Cactus Cuando lo transplantes, echa gravilla en el fondo del tiesto y cúbrela luego con la mezcla de tierra especial para cactus hasta llenar un tercio de la maceta. Para salvar el peligro de sus dolorosos pinchazos, sujeta la planta con una banda de papel de diario, manténla derecha y acaba de llenar el tiesto, dándole una ligera pendiente a la superficie de la tierra.
  Los cactus prefieren tierras y abonos poco nitrogenados. De no satisfacer estas preferencias, corres el peligro de que pierdan su clásica prestancia, se tornen blandos y acaben por marchitarse.
  La tierra, con el tiempo, se empobrece notablemente y hay que cambiarla. Puedes optar entre comprar una tierra ligera en una jardinería o prepararla tú misma. Para ello coge tierra normal como base y añádele una tercera parte de arena, trozos de piedra pómez y polvo de carbón vegetal.
  Al acabar la época de floración, no te olvides de cortarle las floras con un cuchillo bien afilado, pues si no lo haces, la planta puede empezar a pudrirse.
  Si loas cactus no florecieran, aplícales el siguiente tratamiento: basta con que a partir del mes de noviembre los sitúes en un lugar luminoso durante tres o cuatro meses. A condición, claro está, de que la temperatura oscile entre los 10 y los 15o. Tras esta hibernación, los cactus vuelven a florecer perfectamente.
Café No tires el café usado que queda en el filtro de tu cafetera, ya que puede tener una utilidad. Extiéndelo sobre la tierra de tus macetas o jardineras. El café formará una capa permeable que con el tiempo se endurecerá, impidiendo que el agua de riego se evapore demasiado rápidamente. A condición naturalmente de que practiques un agujero para que el agua pueda penetrar con facilidad.
  Los posos del café tienen la propiedad de retener el agua. Si los mezclas a la tierra de tus macetas y jardineras obtendrás un terreno más esponjoso y sustituirás ventajosamente el empleo de la turba.
Cal Si un tiesto ha dejado manchas de cal en el suelo de la terraza, calienta lejía y aplícala con un cepillo siguiendo la veta de la cerámica.
  Acostúmbrate a tener en reserva un par o tres de botellas de agua corriente, previamente sometida a ebullición durante diez minutos. La ebullición tiene el efecto de depositar la cal del agua en las paredes del cazo. El agua será, pues, más pura. Riega con este agua tus plantas de interior, y con prioridad aquellas que no soporten el agua calcárea, como gardenias, azaleas, etc. Si la pulverizas sobre sus hojas, comprobarás que al evaporarse no deja trazas. Prevé aproximadamente un litro por planta.
  Las manchas de cal que quedan en las hojas de las plantas, una vez se evapora el agua con que las vaporizaste, no hacen simplemente muy feo, es decir, no constituyen solamente una cuestión de estética, sino que también son perjudiciales para la salud de la planta, al dificultar su metabolismo gaseoso. Para evitarlo, vaporízalas siempre con agua descalcificada o con agua de lluvia. Puedes hervir el agua para quitarle la cal o recurrir a los filtros que con este fin se encuentran en los comercios.
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