Dalia
  1. Para conseguir una bonita dalia, pon turba y fertilizante orgánico en una maceta. Inserta en la tierra un tutor y entierra junto a él el bulbo de la dalia.
  2. En los primeros días de julio, cuando la planta haya alcanzado los 25/30 cm. de altura, y para mantener el nivel de humedad adecuado, riega y dispón en torno al tallo un espesor de 3/4 cm.  de turba o de paja, evitando su contacto directo con el tallo. Riega inmediatamente después. Si aparecieran malas hierbas, arráncalas removiendo el terreno con un instrumento que no profundice más allá de los 2/3 cm.
  3. A medida que la planta vaya creciendo, sujétala al tutor y sostén las ramas laterales mediante 3 bastoncillos y el hilo de jardinería correspondiente.
Desarrollo Para limitar el desarrollo de una planta, puedes plantarla en macetas o recipientes grandes y enterrarlos completamente en el suelo. De esta manera dará la impresión de que está plantada en la tierra y, sin embargo, verá limitado su crecimiento por el tamaño de la maceta.
Dieffenbachia Si las hojas se ponen amarillas, pero no se le caen, y muestran una gradual pérdida de color, lo más probable es que sufran de clorosis, una especia de anemia que se remedia suministrándole sulfato de hierro, contenido en cualquiera de los productos "verdeantes" que se venden en los comercios. El problema tiene su origen en la naturaleza del agua potable de la ciudad, excesivamente rica en cales que bloquean la acción del hierro provocando la clorosis. Para prevenir este inconveniente lo mejor es que dejes reposar durante algunas horas el agua de riego. A veces no será suficiente, y entonces habrá que añadir un poco de vinagre al agua, a razón de una cucharadita de café por dos litros de agua. Mezcla bien y déjala reposar igualmente antes de regar.
  La dieffenbachia es una planta de interior muy corriente de la que, sin embargo, se suele ignorar los peligros. Tiene poderosas cualidades urticantes que a lo largo de la historia se han utilizado de diversa manera. Los indios de la alta Amazonia empleaban una especie de dieffenbachia para confeccionar el curare con que envenenaban sus flechas y, en Jamaica, los plantadores castigaban a sus esclavos obligándoles a masticar esta planta. La consecuencia era una inflamación de la lengua y de las mucosas que los dejaba sin habla durante unos días. No dejes, pues, tu dieffenbachia al alcance de los niños, y si vas a manipularla, ponte guantes y gafas porque una salpicadura de savia te irritaría los ojos.
 

La reproducción de la Dieffenbachia se consigue cortando una veintena de centímetros de la parte superior del tallo. Se introduce la parte cortada en un vaso de vidrio transpa-rente lleno de agua y se lo sitúa a plena luz. En el transcurso de 50/60 días la base emitirá raíces y podrás trasplantarlo. Llena el tiesto con tierra universal y prepara un buen drenaje. Escoge para la maceta un lugar con buena luz, pero que se halle al abrigo de los rayos del sol.

  La Dieffenbachia quiere un nivel de humedad elevado y constante; los climas secos de muchos pisos le resultan perjudiciales. A veces la planta presenta un tallo alto y sin hojas; en estos casos, con un cuchillo muy afilado, efectúa varias incisiones oblicuas en el tallo, en puntos alternos, y siempre sobre un nudo circular. Pasados 30/40 días del corte, aparecerán hojas nuevas que llenarán el tallo vacío.
 

La Dieffenbachia, cuando se la adapta como planta de interior, tiene tendencia a perder las hojas de la parte inferior de su tronco. Esto es normal, pero puede tratar de limitarse esta pérdida proporcionándole una buene iluminación, aunque a resguardo de los rayos del sol; una temperatura que no sea inferior a los 15o, en invierno, o superior, en verano, a los 22-23o; y un aporte de agua regular y moderado. Para mejorar sus condiciones de humedad, instala la maceta sobre un lecho de gravilla. Si pese a tus cuidados, persiste la pérdida de hojas y la planta pierde elegancia al quedar convertida en un puro penacho, recurre a plantar ejemplares jóvenes junto a su base que disimulen la situación.

Diseño

Si tu jardín es muy pequeño, planta siempre en su perímetro y procura que las plantas tengan tamaño y forma diferentes. Evita los setos rectilíneos y densos que impiden desplegar la vista. Hay que dejar la mayor perspectiva posible. Trata de crear distintos niveles de plantaciones; cuanto mayor sea el número de desniveles, más se dejará engañar la vista, que se creerá en un espacio sin límites.

 

Si quieres que tu jardín ofrezca un aspecto atractivo todo el año, es decir, incluso en los meses de invierno, debes reservar en él una amplia representación para las plantas de hoja perenne (aproximadamente una tercera parte de la superficie total plantada). Estas plantas de hoja perenne no debes plantarlas todas juntas, sino distribuirlas en puntos claves del jardín: en un ángulo de la entrada, en torno al lugar en que os reunís la familia, subrayando el trazado de los parterres, etc.

 

Las flores de los bulbos forman intensas manchas de color, en primavera. Alinearlos uno junto a otro quizá no sea la mejor solución. Si los dispones al pie de un árbol o en el centro de un macizo de plantas vivaces, se constituirán en un centro de atracción para la vista. Antes de tomar una decisión, sitúate a la entrada del jardín, en la terraza o en el umbral de la puerta e imagínate el efecto que producirían en uno u otro lugar. Incluso puedes materializar las manchas de color con unas estacas e hilo o papel. Reflexiona sobre la combinación de colores. Mezcla los tonos pastel. Suaviza la intensidad del amarillo de los narcisos mediante el azul de las escilas, muscaris, etc. Los tulipanes rojos y naranjas quedarán bien sobre un fondo de césped o de un seto.

a b c d e f g h i j k l ll m
n ñ o p q r s t u v w x y z