| Dalia |
- Para
conseguir una bonita dalia, pon turba y fertilizante orgánico en una
maceta. Inserta en la tierra un tutor y entierra junto a él el bulbo
de la dalia.
- En
los primeros días de julio, cuando la planta haya alcanzado los 25/30
cm. de altura, y para mantener el nivel de humedad adecuado, riega y
dispón en torno al tallo un espesor de 3/4 cm.
de turba o de paja, evitando su contacto directo con el tallo.
Riega inmediatamente después. Si aparecieran malas hierbas, arráncalas
removiendo el terreno con un instrumento que no profundice más allá
de los 2/3 cm.
- A
medida que la planta vaya creciendo, sujétala al tutor y sostén las
ramas laterales mediante 3 bastoncillos y el hilo de jardinería
correspondiente.
|
| Desarrollo |
Para
limitar el desarrollo de una planta, puedes plantarla en macetas o
recipientes grandes y enterrarlos completamente en el suelo. De esta
manera dará la impresión de que está plantada en la tierra y, sin
embargo, verá limitado su crecimiento por el tamaño de la maceta. |
| Dieffenbachia |
Si
las hojas se ponen amarillas, pero no se le caen, y muestran una gradual pérdida
de color, lo más probable es que sufran de clorosis, una especia de
anemia que se remedia suministrándole sulfato de hierro, contenido en
cualquiera de los productos "verdeantes" que se venden en los
comercios. El problema tiene su origen en la naturaleza del agua potable
de la ciudad, excesivamente rica en cales que bloquean la acción del
hierro provocando la clorosis. Para prevenir este inconveniente lo mejor
es que dejes reposar durante algunas horas el agua de riego. A veces no
será suficiente, y entonces habrá que añadir un poco de vinagre al
agua, a razón de una cucharadita de café por dos litros de agua. Mezcla
bien y déjala reposar igualmente antes de regar. |
| |
La
dieffenbachia es una planta de interior muy corriente de la que, sin
embargo, se suele ignorar los peligros. Tiene poderosas cualidades
urticantes que a lo largo de la historia se han utilizado de diversa
manera. Los indios de la alta Amazonia empleaban una especie de
dieffenbachia para confeccionar el curare con que envenenaban sus flechas
y, en Jamaica, los plantadores castigaban a sus esclavos obligándoles a
masticar esta planta. La consecuencia era una inflamación de la lengua y
de las mucosas que los dejaba sin habla durante unos días. No dejes,
pues, tu dieffenbachia al alcance de los niños, y si vas a manipularla,
ponte guantes y gafas porque una salpicadura de savia te irritaría los
ojos. |
| |
La
reproducción de la Dieffenbachia se consigue cortando una veintena de
centímetros de la parte superior del tallo. Se
introduce la parte cortada en un vaso de vidrio transpa-rente lleno de
agua y se lo sitúa a plena luz. En
el transcurso de 50/60 días la base emitirá raíces y podrás
trasplantarlo. Llena el tiesto con tierra universal y prepara un buen
drenaje. Escoge para la maceta un lugar con buena luz, pero que se halle
al abrigo de los rayos del sol.
|
| |
La
Dieffenbachia quiere un nivel de humedad elevado y constante; los climas
secos de muchos pisos le resultan perjudiciales. A veces la planta
presenta un tallo alto y sin hojas; en estos casos, con un cuchillo muy
afilado, efectúa varias incisiones oblicuas en el tallo, en puntos
alternos, y siempre sobre un nudo circular. Pasados 30/40 días del corte,
aparecerán hojas nuevas que llenarán el tallo vacío. |
| |
La
Dieffenbachia, cuando se la adapta como planta de interior, tiene
tendencia a perder las hojas de la parte inferior de su tronco. Esto es
normal, pero puede tratar de limitarse esta pérdida proporcionándole una
buene iluminación, aunque a resguardo de los rayos del sol; una
temperatura que no sea inferior a los 15o, en invierno, o
superior, en verano, a los 22-23o; y un aporte de agua regular
y moderado. Para mejorar sus condiciones de humedad, instala la maceta
sobre un lecho de gravilla. Si pese a tus cuidados, persiste la pérdida
de hojas y la planta pierde elegancia al quedar convertida en un puro
penacho, recurre a plantar ejemplares jóvenes junto a su base que
disimulen la situación.
|
| Diseño |
Si
tu jardín es muy pequeño, planta siempre en su perímetro y procura que
las plantas tengan tamaño y forma diferentes. Evita los setos
rectilíneos y densos que impiden desplegar la vista. Hay que dejar la
mayor perspectiva posible. Trata de crear distintos niveles de
plantaciones; cuanto mayor sea el número de desniveles, más se dejará
engañar la vista, que se creerá en un espacio sin límites. |
| |
Si
quieres que tu jardín ofrezca un aspecto atractivo todo el año, es
decir, incluso en los meses de invierno, debes reservar en él una amplia
representación para las plantas de hoja perenne (aproximadamente una
tercera parte de la superficie total plantada). Estas plantas de hoja
perenne no debes plantarlas todas juntas, sino distribuirlas en puntos
claves del jardín: en un ángulo de la entrada, en torno al lugar en que
os reunís la familia, subrayando el trazado de los parterres, etc.
|
| |
Las
flores de los bulbos forman intensas manchas de color, en primavera.
Alinearlos uno junto a otro quizá no sea la mejor solución. Si los
dispones al pie de un árbol o en el centro de un macizo de plantas
vivaces, se constituirán en un centro de atracción para la vista. Antes
de tomar una decisión, sitúate a la entrada del jardín, en la terraza o
en el umbral de la puerta e imagínate el efecto que producirían en uno u
otro lugar. Incluso puedes materializar las manchas de color con unas
estacas e hilo o papel. Reflexiona sobre la combinación de colores.
Mezcla los tonos pastel. Suaviza la intensidad del amarillo de los
narcisos mediante el azul de las escilas, muscaris, etc. Los tulipanes
rojos y naranjas quedarán bien sobre un fondo de césped o de un seto.
|
|