| Luz |
Si
las plantas crecen poco, las hojas palidecen, amarillean y se caen, los
tallos son débiles, no cabe duda: la iluminación es insuficiente. Lo
ideal es emplazar las plantas en las proximidades de una ventana, ni muy
cerca ni demasiado lejos. Si exceptuamos los cactus, pocas son las plantas
de interior que soporten bien la luz del sol, sobre todo en verano. Por
tanto, un visillo va muy bien para evitar quemaduras. En cambio, desde
noviembre hasta finales de febrero puedes exponerlas directamente al sol,
dado que sus rayos son mucho más suaves.
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En
invierno la luz es escasa e insuficiente para que las plantas crezcan y
florezcan, por esto entran en período vegetativo. Pero a veces la luz es
tan escasa que apenas si les basta para sobrevivir. Ayúdalas lavando los
cristales de las ventanas con mayor frecuencia que en verano: la suciedad
puede privarlas de mucha luz. Acerca las plantas que se hallen en el
centro de la habitación a la ventana, donde ni postigos ni cortinas
puedan quitarles luz, y traslada aquellas que estén en ventanas
orientadas a norte a otras que lo estén a oeste o a sur, en el supuesto
de que el calor que vayan a recibir allí no sea excesivo. |