Plantas anuales

Son aquellas que cultivamos por sus flores y que duran un solo año. Por regla geneal se compran ya en plena floración, pero nada impide que las siembres tú misma.

  • Una vez sembradas, no conviene abonarlas hasta que hayan germinado. El riego debe ser moderado.

  • Cuando la plantita alcance los 10/12 cm. de altura, no la abones, pero riégala ligeramente.

  • En plena floración, abona y riega abundantemente.

  • A la caída de la flor suspende abono y riego.

Plantas colgantes Las plantas colgadas tienen el peligro de que, si se te va la mano al regarlas, el agua sobrante produzca una catástrofe en la alfombra. Para evitarlo, no cuelgues directamente la maceta; suspende mejor un recipiente grande e introduce la maceta en su interior. De esta forma, el agua se estancará sin caer y se evaporará. Y para impedir que pudiera perjudicar las raíces de la planta, dispón una capa de grava bajo la maceta.
Plantas delicadas Las plantas algo delicadas que crezcan contra un muro, aunque éste se halle orientado a norte, estarán menos expuestas a las heladas. Los muros acumulan calor durante el día y lo ceden amablemente por la noche.
Plantas de interior Es difícil conseguir que una planta de interior sobreviva, sola, en medio de una habitación hostil. Hostil porque resulta que la planta rechaza las corrientes de aire o el clima excesivamente seco de esa habitación. Lo más conveniente es crear un microclima que le sea propicio mediante la unión de varias plantas, es decir, formando un grupo de plantas. De esta forma, apoyándose unas en otras, pueden sobrevivir mejor. Y lo que también es importante; con un poco de gusto, conseguirás una zona verde en la habitación de un efecto inmejorable.
Plantas grasas Las plantas grasas o suculentas son plantas adaptadas a la vida en regiones secas. Algunas tienen pocas hojas, otras numerosas hojas carnosas, y otras carecen de ellas. La mayoría son capaces de almacenar el agua en sus hojas y tallos en previsión de los períodos de sequía. Otra característica de estas plantas es su protección contra los efectos desecantes del sol y del viento, mediante una cubierta densa de pelo o de espinas y agujas. Por lo general tienen un sistema de raíces muy desarrollado que les permite buscar el agua en profundidad. Requieren un buen drenaje. Estas plantas aprecian un buen riego, seguido de una época de sequía. En invierno hay que regar muy poco. Quieren mucha luz. Durante el verano y a principios de otoño agradecen la estancia en un rincón soleado y abrigado.
Poinsetia Esta planta originaria de México se ha convertido en la auténtica reina de las fiestas navideñas. Soporta bastante bien la temperatura de nuestras viviendas, siempre que no supere los 21o. Hay que mantenerle la tierra húmeda, regándola casi a diario y rociándola con agua templada. Sitúala en un lugar bien iluminado y abónala un par de veces por semana. Como en otras muchas plantas de interior, el líquido de sus tallos y hojas es venenoso. Si se hiciera un corte en el tallo, hay que cerrar de inmediato la herida con la llama de una cerilla o de una vela, pues de lo contrario la poinsetia se marchitaría.
  Para su reproducción, elige una rama con tres o cuatro hojas y córtala bajo un nudo con un cuchillo afilado. Corta la hemorragia del esqueje introduciendo su extremo en agua; luego húndelo unos 2 cm. en una maceta de 5-6 cm. de diámetro, con una mezcla de turba y arena. Mantén una temperatura día y noche de entre 20/24o. Cúbrela con una bolsa de plástico transparente para crearle un microclima. De esta forma, durante las 3 ó 4 semanas que precisa la planta para enraizar hallará la humedad necesaria. Poco a poco ve retirando la bolsa de plástico hasta quitarla del todo. Repica los esquejes ya enraizados, y en tiempo cálido ponlos fuera, en semisombra o en el interior, tras tus ventanas. Con el tiempo, la poinsetias cobran el aspecto de pequeños arbustos muy decorativos.
  Sitúala en un lugar luminoso, aunque no soleado, preferentemente en ventanas que den al este o al oeste. Mientras se halle en período de floración, la temperatura ideal es en torno a los 20º; después, entre 12 y 15º. El riego debe ser abundante en período de floración, con frecuentes vaporizaciones de agua, para disminuir más tarde. Una vez terminada su floración, conviene podarla hasta dejarla reducida aproximadamente a su mitad. Si sus hojas amarillearan y cayeran, probablemente se debería a que la temperatura ambiente sería excesiva, por lo que procura ponerle remedio.
  Para que sus hojas florezcan, es decir, adquieran ese tinte rojo tan característico, es imprescindible que a partir de finales de septiembre le proporciones catorce horas diarias de oscuridad total.
Polvo Las plantas de hojas aterciopeladas soportan muy mal el agua. No es posible, por tanto, recurrir a la esponja humedecida o al vaporizador para quitarles el polvo. En este caso, emplea un secador de pelo (en posición de aire frío), y con el apoyo de un pincel o de una brocha, quita así el polvo de las hojas.
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