| Riego |
Si
usas secadora de ropa del tipo que condensa el agua, puedes usar ésta
para regar o para llenar la plancha de vapor.
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En
verano, los geranios han de regarse de forma regular. Requieren bastante
agua, pero, cuidado, la humedad estancada les pudre muy fácilmente las raíces.
Por consiguiente, es mejor esperar a que la tierra esté algo seca. Una
forma de enterarse del estado de humedad de la tierra en la capas
profundas es introduciendo una varilla metálica. Si al sacarla lleva
tierra húmeda, quiere decir que todavía puedes esperar a regar. Corta
siempre las flores y las hojas marchitas de lo geranios.
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La
mayoría de plantas se riegan vertiendo el agua en la maceta. Sin embargo,
algunas, de hojas o flores muy sensibles, exigen un riego por inmersión
de la maceta. En este caso es importante que el agua esté a temperatura
ambiente.
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Para
saber si una planta necesita que la riegues, introduce el pulgar en la
tierra hasta aproximadamente un centímetro de profundidad; si al sacarlo
lleva tierra adherida, no hace falta que la riegues.
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Si
la tierra de una maceta está muy seca, afloja la tierra con un tenedor y
sumerge la maceta en un baño de agua. La inmersión debe durar hasta que
dejen de formarse burbujas. Escurre el agua sobrante, pulveriza las hojas
con un vaporizador y pon la planta a la sombra unos cuantos días.
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Para
saber si una planta necesita agua o no, si la maceta es de terracota,
existe un truco infalible. Da pequeños golpes en ella: si suena a hueco,
es que quiere agua; si suena maciza, llena, es que no. Pruébalo en una
maceta, antes y después de regar, y verás como suena distinto.
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Si
tienes un pequeño jardín, muchas veces, cuando llueve, te felicitas
porque crees haberte ahorrado el trabajo de regar; y puede no ser así. Si
la tierra está seca, una lluvia que dure una media hora, aunque sea
abundante, no basta para recomponer las reservas de agua de la tierra. Es
preciso la lluvia regular y continuada de toda una mañana o una tarde
para que la tierra se moje en profundidad. Para comprobarlo no tienes más
que dar un golpe de azada en una macizo de plantas y ver el estado de la
tierra a 30 cm. de profundidad.
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Las
plantas de interior necesitan más agua cuando las temperaturas son altas;
en verano, a causa de las ventanas orientadas al sur, en invierno, por la
proximidad de las calefacciones. Lo mismo sucede en época de crecimiento
de las plantas, que suele coincidir con los meses que se hallan entre
febrero y septiembre. Las plantas de hojas grandes o delicadas también
requieren más agua, así como aquellas que en su origen se encontraban en
terrenos pantanosos. Lo mismo cabe decir de los períodos en que
desarrollan capullos de hojas o flores. Y, por último, necesitan más
agua todas aquellas plantas que se hallan en macetas pequeñas.
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La
tierra tiene tendencia a endurecerse, lo que dificulta mucho la acción de
regado. Para evitarlo, espónjala previamente mediante unos golpes de
azada. No riegues con un chorro demasiado potente que remueva la tierra, más
vale hacerlo con suavidad. Puedes proteger también la superficie de la
tierra con turba para que no se seque demasiado. El riego gota a gota
orilla este problema y, aunque la inversión es considerable, la
rentabilidad está asegurada: ahorro de tiempo, de agua, flores más
bellas...
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Si
tus plantas de interior están en una habitación cuya temperatura es
inferior a los 18o, riega abundantemente las plantas cada 18/20
días. Si, en cambio, la temperatura supera los 23o, riega
semanalmente. En los casos restantes, házlo exclusivamente cuando la
tierra se haya secado.
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