Prescinde de aquellos huevos que tengan la clara muy líquida o la yema tan blanda que se rompa fácilmente.
No laves un huevo, porque volverás su cáscara permeable a los agentes externos. Si la cáscara está sucia, más vale que lo tires.
Es conveniente cascar los huevos en una taza para verificar su aspecto antes de usarlos.