Jabón

Aunque su composición básica es siempre la misma, existen distintos tipos de jabón, cada uno de los cuales corresponde a un uso específico. Es cuestión de elegir el que mejor se adapte a tu tipo de piel.

jabón clásico de uso familiar.

  • a su composición básica suele añadírsele un perfume. Este tipo de jabón no suele ser apropiado para pieles sensibles o reactivas, ya que puede ser causa de irritaciones.

jabón especial para pieles secas.

  • enriquecidos con cuerpos grasos de origen natural (aceite de almendras dulces, de palma, etc.) o de reconstituyentes de la película que protege la piel, estos jabones obran suavemente sobre las pieles secas, evitando la sensación de acartonamiento. Son adecuados tanto para la cara como para el cuerpo.

fórmulas sin jabón para pieles delicadas.

  • en realidad se trata de leches solidificadas que se emulsionan al contacto con el agua. Tienen la propiedad de neutralizar la cal del agua, preservan la capa protectora de la epidermis y, al poseer un pH próximo al de la piel, son muy adecuados para las pieles irritadas. Son especialmente recomendables para el lavado del bebé.

 

El que un jabón produzca mucha espuma no es un índice fiable de su capacidad de limpieza.

 

Las manchas de colorete, té o café frótalas con un paño empapado en agua y alcohol y lava luego en agua jabonosa.

 

Un codo de piel dura y áspera puede suavizarse con agua jabonosa y piedra pómez.

 

A menos que se cambien a diario, los guantes de crin se convierten en un auténtico nido de microbios. Por esto es aconsejable enjabonarse con las manos, provocando espuma.

 

El jabón lava y se lava. No olvides, pues, de aclararlo después de haberlo usado, sobre todo si lo usa más de una persona.

 

El jabón no debe sustituir el desmaquillador, pues éste ha sido concebido especialmente para disolver los productos de maquillaje.

Jaqueca

Una taza de café con un zumo de limón constituye un excelente remedio para calmar la jaqueca.

Jogging

Las normas del jogging.

  • Veinte minutos de jogging, tres veces por semana, bastan para mantenerte en forma. Aténte, no obstante, a las normas siguientes:

  • aclimatación: si eres novata, empieza alternando un minuto de jogging con uno de marcha; al cabo de una semana, introduce 2 minutos de jogging por uno de marcha. Siguiendo este ritmo, en diez semanas estarás en condiciones de correr veinte minutos sin cansarte.

  • calzado: cómprate unas zapatillas de jogging que sean cómodas y se adapten a tu pie. La suela debe ser gruesa para amortiguar el choque del pie con el suelo. Y cámbialas con frecuencia, sin esperar a que estén demasiado viejas.

  • terreno: aunque puede practicarse el jogging sobre cualquier superficie, elige de preferencia caminos, pistas de tierra batida o prados de césped. Si corres sobre una superficie ligeramente abombada, cambia regularmente de lado para que no siempre sea el mismo pie el que se haya de adaptar al desnivel.

 

La postura del jogging.

  • cabeza: alta, los músculos de la cara distendidos.

  • hombros: sueltos; los brazos doblados a la altura del talle y balanceándose al ritmo de la marcha.

  • manos: con los dedos doblados de forma natural.

  • tronco: recto y ligeramente echado hacia adelante.

  • piernas: con la rodilla ligeramente flexionada cuando el pie entra en contacto con el suelo.

  • pies: el talón es la parte que contacta con el suelo; el movimiento termina con un impulso de los dedos

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