| Sal |
La sal es indispensable para el buen
funcionamiento del organismo. Privado de sal, nuestro organismo se desecaría. |
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La sal no interviene para nada en los
mecanismos de la obesidad. Vale la pena recordar que no tiene calorías, pero
la sal retiene el agua y si se consume en gran cantidad, una parte del
agua que se bebe se infiltra en los tejidos, causando la aparición de
edemas en los puntos más sensibles: piernas, dedos, cara y senos. |
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La sal marina es más rica en
oligoelementos que la sal refinada. |
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Sin saberlo, consumimos diariamente
gran cantidad de sal. Cuando comes 100 gr. de tomates, por ejemplo,
ingieres 10 mgr. de sal. La misma cantidad de carne de buey contiene 45
mgr. de sal, y una porción de queso de Camembert aporta 750 mgr. de sal. |
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Los alimentos más salados son los
productos de charcutería. El jamón ahumado, el que más lleva, contiene
por 100 gr., 2.300 mgr. de sal. Los platos
preparados llevan también gran cantidad de sal. |
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Evita abusar de la sal y, sobre todo,
salar sistemáticamente los platos que salen a la mesa antes incluso de
haberlos probado. |
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Europeos
y americanos consumen demasiada sal; cuando la necesidad diaria de sodio
se estima entre los 3 y los 6 gramos, consumimos de hecho entre 10 y 15. Y
ya se sabe que la sal puede provocar un aumento de la presión arterial y
que propicia la retención de líquidos, lo que favorece la aparición de
la temida celulitis. Por consiguiente, más vale que evites añadir sal a
los alimentos que ya la llevan de forma natural, como huevos, carne,
pescado o legumbres. Si quieres reforzar su sabor, añádeles un pellizco
de hierbas aromáticas en polvo. |
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El
organismo necesita entre cuatro y seis gramos de sal por día.
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Consume
preferentemente sal marina, que contiene yodo, así como micropartículas
de cobre, níquel y cobalto y posee además capacidades antiinflamatorias
y adelgazantes. |
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Basta
un puñado de sal en el agua del baño caliente para que te sientas
relajada, con las piernas ligeras y el vientre desinflado. |