Accidentes Si tienes la desgracia de romper un objeto en la casa donde estás invitada, no se te ocurra preguntar su precio para pagarlo. Intenta, eso sí, averiguar discretamente dónde se compró para reponerlo. La discreción en estos casos es esencial, porque la anfitriona debe negarse a facilitarte el dato si tu pregunta evidencia con demasiada claridad tu intención. Si desgraciadamente se tratara de una pérdida irreparable, trata de reemplazarla por un objeto similar, y, de no ser posible, envía un ramo de flores o unos bombones junto con unas palabras de excusa. Lo mismo debe hacerse en el caso del libro prestado y extraviado.
Advertencias Si tienes que llamar la atención de alguien, bien sea porque otra persona trata de decirle algo y no se entera, bien porque tú mismo pretendes indicarle cualquier cosa, házlo de viva voz, en vez de recurrir al golpecito en el hombro que resulta de muy mal gusto.
Agradecimientos Si el viernes estuvisteis invitados a una fiesta o una reunión numerosa en casa de unos amigos, el sábado por la tarde o, como máximo, el domingo aprovecha un momento de tranquilidad para coger el teléfono, llamar a los anfitriones y agradecerles una vez más la invitación, elogiarles la reunión y repasar un poco con ellos la velada. Ten en cuenta que en estas ocasiones quienes menos se enteran de cómo van las cosas son precisamente los organizadores, pendientes como están de que todo salga lo mejor posible.
  Si uno de tus hijos va invitado a pasar un fin de semana o unos días a casa de algún amigo o amiga, acostúmbrale a que se presente con algún obsequio para la señora de la casa; no tiene por qué ser algo de gran valor, basta con eso que se conoce como un detalle, una muestra de agradecimiento por el hecho de haber sido invitado y de compensación por las molestias que ha de causar.
Aire libre El respeto a la intimidad ajena es una de las reglas fundamentales de la buena educación. Para mucha gente, la llegada del buen tiempo es como una borrachera: actúan en su jardín, en su terraza o en su patio como si el mundo les perteneciera. Convendría recordar la frase de Bernard Shaw: "no quieras para los demás lo que quieres para tí; podrían no compartir tus gustos". En el momento de poner la radio, de reunirnos con los amigos o de dejar berrear a los niños no olvidemos que nuestro espacio tiene un seto y que más allá de él empieza el espacio del vecino, al que no podemos invadir con nuestras manifestaciones por estupendas que nos parezcan.
Ajo El ajo es un condimento muy controvertido. Los griegos lo despreciaban tanto que obligaban a comerlo a los condenados, ya que consideraban que era una forma de tortura que les purificaría de sus crímenes. Los egipcios, en cambio, lo veneraban. De todos modos, aunque te encante el ajo, ten en cuenta que no puedes ir por el mundo delatando en tu aliento o en tus manos esta preferencia. Resulta de muy mal gusto acudir a una reunión o a una entrevista infestando el ambiente con tu olor a ajos. Si lo has comido, aplícate en hacer desaparecer su rastro lavando tus manos con zumo de limón y masticando y tragando un par de ramitas de perejil.
Alcachofas La forma correcta de comer las alcachofas no ofrece duda alguna, de no ser en el supuesto de que se sirvan enteras y asadas al horno. Entonces, evidentemente, se comen con los dedos, arrancando una hoja tras otra y mojándolas en la salsa de acompañamiento hasta que se llegue al corazón, en cuyo momento se tomarán los cubiertos para acabarla de comer.
Amistades Durante un viaje de vacaciones puede resultar verdaderamente muy agradable tener unos amigos que tengan casa en un punto de nuestra ruta en la que alojarse al final de una etapa. Pero a lo mejor para ellos no es tan placentera nuestra visita, pues están ya cansados de convertirse en el hotel al que acuden todos los amigos que pasan por las cercanías.
Aparcar  Resulta desagradable llegar puntual a una invitación y no encontrar donde dejar el coche. Es un motivo que puede poner de malhumor a tus invitados. Por esto, si el lugar en el que vives presenta este problema, sabrás indudablemente cuáles son los momentos y los días más problemáticos y las posibles soluciones. Avísalo de antemano. Un gesto de extrema cortesía, sobre todo en el caso de invitados de edad o que tengan dificultades de movimiento, consistiría en desalojar tu garage o tu espacio de aparcamiento, y dejar tu coche por una vez lejos de casa, para cederlo a estos invitados.
  Llevas bastante rato dando vueltas inútilmente. Finalmente descubres un espacio, pero minúsculo. El esfuerzo que tienes que desarrollar para meter el coche en lugar tan reducido, sumado al nerviosismo que ya llevas por el tiempo perdido y las dificultades, te ha puesto de un humor de perros. ¡Si al menos consiguieras ampliar la plaza empujando...!. Metes la marcha atrás, conectas con el coche vecino, das gas y, de repente, ¡cras! ruido de algo que se ha roto. Maldices mientras instintivamente confías en que lo roto pertenezca al coche de atrás, no al tuyo. Acabas la maniobra, sales del coche y, con disimulo, pasas por el lugar del estallido. Le has roto el protector del intermitente al otro coche. Con un suspiro de alivio, sales arreando. ¡Justo el modo de comportarse más inaceptable!
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