Higiene Los dentista recomiendan que para la limpieza de la boca, después de las comidas, se utilice el cepillo y la seda dental, y desaconsejan el empleo del clásico mondadientes por el peligro de que se astille y de que estropee la dentadura. Pero cualquiera que sea el método que elijamos, evitemos practicarlo en público. Hurgarse la boca en plena sobremesa con un palillo - y no digamos ya utilizar para esta tarea el filo de una uña - es algo que contradice todas las normas de las buenas maneras.
  La higiene personal, el cuidado de nuestro cuerpo, debe pertenecer a la más estricta intimidad. Por consiguiente, si el viento ha revuelto nuestros cabellos y están pidiendo un peine, lo correcto es retirarse para peinarlos. Lo mismo podríamos decir, y con más razón si cabe, del cuidado de las uñas. La imagen de quien se entretiene arreglándoselas públicamente resulta de un pésimo efecto.
Hijos Se oye decir que, años atrás, los hijos se iban antes de casa y que a las nuevas generaciones, en cambio, no hay quien la saque de la casa paterna. Esto puede llevar a situaciones difíciles. Una de ellas hace referencia al tema económico. El principio a establecer para evitar la aparición de problemas es el de que todo el mundo debe contribuir a los gastos de mantenimiento de la casa, en función de sus posibilidades. Incluso en aquellos casos en que los padres no tengan necesidad de esa contribución de los hijos. Pero lo que debe evitarse a cualquier precio es que los hijos mayores sean mantenidos si no se quiere sentar un mal precedente.
Hospital En muchos centros hospitalarios hay televisión en las habitaciones; en algunos los propios aparatos incorporan un limitador de volumen que impide al usuario sobrepasar un nivel sonoro determinado. Pero en otros muchos los aparatos ofrecen la misma gama sonora que el enfermo puede encontrar en su domicilio. En estos casos conviene que te autolimites, que te des cuenta de que un volumen que supere el ambiente de tu habitación puede molestar a los restantes enfermos de la planta.
  Resulta que uno de tu amigos o amigas ha sido ingresado en una clínica o tiene que operarse. Naturalmente quisieras hacerle una visita. Anúnciate previamente por teléfono o asegúrate, preguntando a algún familiar, si las visitas están autorizadas y las horas en que pueden ser menos molestas. Durante tu visita evita los comentarios sobre su estado de salud y ahórrale el relato de tus operaciones o de tus antiguos males. Distráele explicando lo que pasa fuera del hospital. No estés demasiado rato: las visitas pueden ser agradables, pero dejan de serlo en cuanto se convierten en fatigosas.
Huéspedes Si recibes como invitado a una persona que por motivos laborales lleva una vida muy agitada y se ve obligada a viajar constantemente y a comer en restaurantes, lo mejor que puedes hacer es ofrecerle un menú casero, sencillo y ligero, y lo más alejado posible de los platos que suelen ofrecer los restaurantes. Te lo agradecerá
   
   
   
   
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