Inoportunos Hay momentos en que consideramos inoportuna una llamada telefónica, una visita o una solicitud. Y lo son porque consideramos que tenemos otras cosas que hacer. Pero no hay razón que nos autorice a volver nuestra contrariedad contra quien nos solicita. Y esto hacen quienes recurren a la clásica frase de "no podías venir en peor momento". Lo correcto, en cambio, sería disculparse por estar tan ocupado y no poder atenderle como quisieras.
Interrupciones Como norma general, no se debe interrumpir nunca la conversación de dos personas, tanto si se trata de una conversación amistosa, profesional o del tipo que fuera. En caso de extrema urgencia y de absoluta necesidad, con un "perdón", seguido de una explicación del motivo de la interrupción, se interviene lo más brevemente posible.
Invitaciones Te gustaría invitar a aquella pareja tan encantadora con la que os encontrastéis recientemente por la calle, y que no pudo venir a tu casa las dos últimas veces que la invitaste. Antes de dar un paso en falso con tu insistencia, piensa en si el hecho de que no fueran ni tampoco dieran después señales de vida, no sería porque no comparten tu interés en proseguir la relación con vosotros.
  Si estás invitada a pasar un fin de semana en casa de unos amigos y quieres que ésta no sea más que la primera de otras invitaciones posteriores, ofrécete para ir a comprar el pan o a hacer las compras necesarias en el pueblo; colabora en las siempre molestas tareas domésticas; adáptate con la mejor de tus sonrisas a sus horarios, aunque te parezcan de lo más original; no les hagas directamente responsables, con tu mal humor y tus lamentos, si el tiempo no os acompaña; admira sin reservas sus macizos de flores; no demores tu partida hasta las tantas. Si te atienes a estos consejos, probablemente la invitación se repetirá.
  Si por la razón que sea te sientes obligada a organizar una comida para agasajar a unos amigos extranjeros que están de paso en la ciudad y éstos viajan en compañía de otras personas, debes hacer extensiva tu invitación a los acompañantes. Si ellos no conocen otro idioma que el propio, procura hallar entre tus amistades a alguien que lo comprenda y lo hable para que no se sientan aislados en la reunión.
  La anfitriona perfecta es aquella que prevé hasta el detalle más insignificante que pudiera enturbiar el bienestar de sus invitados. Y uno de estos detalles son las relaciones que mantienen entre sí; por ejemplo, si sabes que dos personas han tenido recientemente algún roce o enfrentamiento, o que sus relaciones son dificultosas, no las invites juntas. Probablemente estarían a disgusto, y la tensión que se generaría entre ellas se trasladaría al resto de invitados, haciendo fracasar la velada.
  Si a tí y a tu marido os invitan a una reunión, sea del tipo que sea, se sobreentiende siempre - a no ser que se especifique expresamente lo contrario - que, si tenéis niños, los habréis de dejar al cuidado de algún familiar bien dispuesto o contratar a un canguro para que se ocupe de ellos. Nadie duda de que tus niños sean un verdadero encanto, pero su lugar no está en una reunión de adultos donde acabarían por aburrirse soberanamente y perder todo su encanto.
  Tienes previsto invitar a cenar en casa a la pareja con quien siempre salís, pero te gustaría que se trajeran con ellos a otra pareja amiga suya que os cae muy bien. Perfecto; pues te enteras de su teléfono, les llamas y les invitas personalmente. Evita pedirles a tus amigos que les trasladen la invitación. Las comunicaciones a través de persona interpuesta muestran una cierta desconsideración por el otro, un relegarle a segunda división, que solamente se justifica cuando se trata de informar del fallecimiento de algún familiar muy próximo, circunstancia que disculpa que uno no esté de humor para hablar con nadie.
  Si unos amigos te invitan a pasar unos días, trata durante tu estancia de acomodarte al ritmo y costumbres de la casa. Levántate y acuéstate cuando ellos lo hagan y siéntate a comer a las horas establecidas. Pierde cuidado, que ellos ya procurarán por que tu estancia te resulte agradable. No esperes que hayan de estar constantemente por tí, búscate alguna ocupación, desde dar un paseo hasta leer un libro, que te permita dejarlos solos un rato. Probablemente te lo agradecerán en su fuero interno. Si salís a comer o cenar fuera, intenta corresponder invitándolos. Si rehusaran firmemente, no insistas hasta la exasperación.
 

Si pretendes aprovechar una reunión de gente para organizar una futura reunión en tu casa, no cometas la descortesía de efectuar tus invitaciones en presencia de gente a la que no piensas incluir en el grupo. Piensa en la sensación que te produciría de ser tú la excluída.

a b c d e f g h i j k l ll m
n ñ o p q r s t u v w x y z