Manifestaciones irreprimibles. La cortesía no puede ni debe reprimir todo aquello que lleva aparejada nuestra condición de seres humanos; lo único que sí debe hacer es procurar que resulte lo menos molesta posible a los demás. Un bostezo, un estallido de tos, un estornudo son fenómenos que hay que aceptar como inevitables. Cuando se produzcan, trataremos de que sus "efectos" no lleguen a los demás, cubriéndonos la boca con el pañuelo o, si no da tiempo, con la mano y volviendo discretamente la cabeza. Nunca está de más excusarnos con los demás, sobre todo si no hemos podido evitar que nuestra manifestación haya sido estruendosa; en este caso, un simple "perdón", sin dirigirse a nadie en concreto, será suficiente.
Médico Si tienes en casa algún enfermo y esperas la visita del médico, ten dispuesta y a mano una toalla limpia. Una vez el médico haya reconocido al enfermo, dado sus recomendaciones y prescrito el tratamiento, antes de que se vaya, le ofrecerás la posibilidad de lavarse las manos y le acompañarás al cuarto de baño. Una vez se las haya lavado, le ofrecerás la toalla limpia para que se las seque. Lo mismo cabe decir de la visita del practicante que acuda para poner unas inyecciones.
Melón El melón admite dos forma de comerlo. La primera es la que separa con el cuchillo la pulpa de la cáscara de la raja, sin apurar excesivamente, puesto que puede sentarnos mal, y luego va cortando con el cuchillo pequeños trozos que, pinchados con el tenedor, llevamos a la boca. La segunda, utilizada casi exclusivamente para comer esos meloncitos amarillos llamados cantaloups, usa la cuchara para comer la pulpa, mientras se sostiene el fruto con la mano izquierda. Procuremos, pues, evitar comerlo a dentelladas.
Menú Si preparas una comida o una cena en la que la presencia femenina vaya a ser preponderante, elige un menú a base de platos ligeros y carga la mano en los postres dulces. Si, en cambio, en la comida van a predominar los hombres, los platos podrán ser más pesados y los postres casi inexistentes. Procura de todos modos atenerte a preparaciones de olor poco penetrante para evitar que la casa quede infestada del olor a comida, sirviendo casi de anuncio a los invitados de lo que van a comer.
  Si cuando tienes invitados eres de las que les gusta agasajarlos, piensa en que además de darles una excelente comida, poner una mesa espléndida y adornarla con flores, puedes conferir a tu invitación un aire entre más formal y más festivo si les ofreces el menú. Si quieres evitar los clásicos tarjetones, piensa en pedirles prestada la pizarra a los niños por unas horas para apuntar en ella el menú.
 

En el éxito de una cena la elección del menú juega un papel esencial. La decisión será más fácil si analizas los siguientes factores:

  • presupuesto de que dispones para montar la cena;

  • habilidad como cocinera - no te embarques a preparar un plato que desborde tus conocimientos;

  • época del año - los ingredientes que te ofrece el mercado en esa época son determinantes;

  • nivel de conocimiento que tengas de los invitados - no te arriesgues a presentar platos exquisitos, pero exóticos si no sabes cómo van a reaccionar tus invitados. Procura que el menú sea equilibrado y variado, es decir, evita una salsa cremosa en el plato principal si el primero ha sido una crema.

  No aproveches para experimentar nuevos y complicados platos en fechas señaladas; más vale que te atengas a aquellos de cuyo éxito estés segura. Y para que no te sobre comida en exceso o, peor, te quedes corta, calcula 150 gr. de carne o pescado por persona, y la misma cantidad de ensalada. Si vas a ofrecer algunos canapés, sabe que para untar unas 30 rebanadas de pan de molde se necesitan 150 gr. de mantequilla. Si piensas servir cava o champagne exclusivamente, calcula sobre media botella por persona, y dos botellas de vino tinto por cada tres invitados. Si pensaras complementarlo con vino blanco, bastará una botella de vino blanco por cada cuatro comensales y reduce entonces la proporción de tinto a una botella por cada tres personas.
Mesa Si estás invitada a cenar en casa de alguien cuya afición por los experimentos culinarios es notoria, ve prevenida. Verse en la necesidad de comer algo que no gusta, so pena de ofender a los anfitriones si se rechaza el plato, constituye un dilema ante el que nadie querría encontrarse. Por esto, en estas situaciones, más vale hacerse servir una ración pequeña, aduciendo cualquier excusa, reservándote la posibilidad de repetir si resulta de tu gusto.
  No se sopla la sopa, aunque estuviera caliente, ni se sorbe ruidosamente. El pan se partirá con los dedos, y no con un cuchillo. Llevarás la comida a la boca, no la boca a la comida, lo que quiere decir que mantendremos la espalda recta, sin inclinarnos sobre la mesa. No tomes bocados demasiado grandes ni los ingieras sin haber deglutido previamente el anterior. Evita saborear el vino de modo que todos los comensales se aperciban de que eres un entendido, así como echar la cabeza hacia atrás para apurar hasta la última gota de la copa. No deben llenarse exageradamente las copas ni los platos, así como tampoco deben apurarse.
  No esperes al último momento;
  • que cuando lleguen los invitados la mesa esté lista.
  • Bajo los manteles, dispón un muletón. Si no lo tienes, improvisa uno a base de un paño plegado en varios dobleces para darle cuerpo.
  • Elige un mantel a juego con la vajilla. Antes que nada, repasa con la plancha las arrugas. Dobla las servilletas,  si tienes traza, en abanico, e introdúcelas en las copas.
  •  No sobrecargues la mesa de cubiertos: el cuchillo, a la derecha del plato, con el filo vuelto hacia él; el tenedor, a la izquierda, con las púas apoyadas en el mantel.
  • Si vas a poner un centro floral, juega con los colores del mantel y de las flores, y evita que se convierta en un muro entre los invitados.
  • No tamices la luz en exceso, no sea que los invitados no vean lo que tienen en el plato. Las velas pueden ser también un buen recurso.
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