| Nacimientos |
Juguetes
y ropa son los regalos más habituales para el recién nacido. Los
familiares más próximos - tíos, abuelos, etc - suelen reservarse para sí
los regalos de algunas joyas como pendientes, cadenas, etc. Si te decides
por la ropa, elige tallas superiores a los cuatro meses, puesto que
generalmente la madre del bebé tiene preparado de antemano un completo
ajuar para los primeros meses de vida del niño. Si sigues el consejo, ten
presente entonces la estación en que la prenda vaya a ser útil para no
regalar algo de verano que, por la talla, debiera ponerse en diciembre. |
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Es
costumbre que cuando los padres del niño nos comuniquen su llegada
nosotros correspondamos con una visita para conocerlo. Por regla general
esta visita la efectuaremos llevando algún obsequio, bien para los
padres, bien para el bebé. Tengamos presente, si la visita la hacemos
cuando la madre todavía está en la clínica, que son muchas las visitas
que recibirá. Por consiguiente, seamos breves. Interesémonos por las
circunstancias del parto, por la salud del bebé, etc. Si la visita la
hacemos al domicilio particular, solicitemos permiso previamente por teléfono.
Y no olvidemos que un nacimiento causa muchos desajustes en un hogar, que
los padres suelen ir cansados. Cumplamos con la costumbre sin hacernos
pesados. |
| Naranja |
La
naranja se come siempre con los cubiertos de postre. Evitaremos por todos
los medios comerla con las manos. Podemos hacerlo de dos maneras. La
primera, cortándola con el cuchillo por la mitad y comiendo con una
cucharilla la pulpa de ambas mitades. Incluso hay quien las espolvorea con
azúcar. La segunda, algo más comprometida hasta que se adquiere la
costumbre, consiste en pinchar la naranja con tenedor, rebanar con el
cuchillo los casquetes de sus polos para evitar que se nos vaya rodando
del plato, cortarla a secciones y pelar luego cada una de ellas antes de
llevarlas a la boca con el tenedor. |
| Navidad |
Es
un buen momento para hacer un balance de nuestras deudas sociales, y
saldarlas. Es un buen momento para agradecer por medio de un obsequio al
padre o a la madre de aquel compañero de colegio de nuestro hijo que
recoge todos los días al nuestro y lo lleva o lo trae de la escuela, sin
que nosotros, por las razones que sea, hagamos lo propio con el suyo. O es
un buen momento para pensar en aquel amigo que no hace todos los años la
declaración de la renta y luego no nos quiere cobrar; o en el médico o
el abogado, compañero de colegio, que nos ha atendido en varias ocasiones
y que ha dado siempre largas al asunto cuando hemos tratado de pasar
cuentas. |
| Niños |
Cuando
tengas invitado en casa a algún amigo o amiga de tus hijos, puedes y
debes hacer que se ajuste a aquellas normas que regulan en tu casa el
funcionamiento familiar. Pero lo que no se debe hacer nunca es tratar de
desautorizar los criterios educativos de sus padres, por desacertados que
los consideres. A lo mejor crees que el invitado dispone de demasiado
dinero y que gasta en exceso para su edad; es algo sobre lo que debes
reservarte la opinión. Evita las frases del tipo: "¿pero es que tu
madre no...?". Llevan implícita una notable carga crítica que el niño
puede recibir como una ofensa para sus padres y, además, esta frase
hiriente puede llegar perfectamente a sus oídos. |
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Si
invitas a un amigo o amiga de alguno de tus hijos a pasar unos días con
vosotros y compruebas que sus costumbres no coinciden con las de tu casa,
hazle ver desde el principio que mientras esté invitado deberá atenerse
a las normas de tu familia. No dudes, por ejemplo, en retenerlo en la mesa
si ves que tiene la costumbre de levantarse de ella entre plato y plato
para ir a jugar. Repréndele cuando debas hacerlo, bien sea porque coma
con la boca abierta o porque oculte un brazo bajo la mesa, pero hazlo de
manera que la riña no se convierta en una bronca ni, sobre todo, que
resulte humillante para él. Y no permitas que tus hijos se rían de él
porque le has reñido. |
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En
ocasiones, los niños sienten el placer de provocar a las personas
mayores. Y lo pueden hacer a base de hurgarse la nariz, eructar
estrepitosamente o hablar con la boca llena. Procura distraerle de su
actividad con cualquier juguete, o dale un pañuelo si se hurga y mándalo
al baño si le da por otras manifestaciones más ruidosas. Hazle ver con
claridad que su comportamiento te resulta personalmente desagradable. Los
niños entienden mejor esto que las frases conceptuales del orden de
"esto no se hace". Es importante tu actitud; que no varíe con
la situación ni con el humor en que te halles. Y, sobre todo, alábale
cuando veas que intenta comportarse cortésmente, de acuerdo con las
normas. |
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Hay
cosas que no podemos pretender de ellos. Difícilmente podrá un niño de
dos años dar las gracias, con conocimiento, por algo que le hemos
regalado, cuando a esa edad no comprenden con claridad la diferencia entre
mío y tuyo. Pero, como en casi todo, en cuestiones de educación y de
cortesía el buen ejemplo de los padres es fundamental. Y la forma en que
se comporten con sus hijos vale más que mil advertencias. ¿Cómo
podremos pretender que aprendan a dar las gracias o a pedir algo por favor
si a ellos jamás se les solicita así ni se les agradece luego?. Tras
estas formas de cortesía se ocultan sentimientos que el niño tiene que
experimentar antes de poder expresarlos. |
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No
se puede pretender que un niño se comporte repentinamente como un adulto.
Es perfectamente comprensible que antes de los dos años no pueda manejar
el cuchillo, pero, en cambio, sí tiene que haber adquirido una destreza
razonable en el empleo de la cuchara y el tenedor. En cuanto esté en
condiciones de entenderlo, hay que hacerle ver que no se masca con la boca
abierta ni se habla con ella llena. Y si hasta cumplir los dos años es
inevitable que ensucie la mesa alrededor de su plato, pasada esta edad hay
que habituarle a comer de forma civilizada. Igualmente procuraremos no
servirle una ración excesiva para evitar que deje comida en el plato.
Asimismo le acostumbraremos a que antes de sentarse a la mesa pase por el
cuarto de baño para lavarse las manos. |
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