Teléfono Si una persona ajena a la familia te pide usar el teléfono, haz lo imposible por dejarla sola para que pueda hablar con tranquilidad, sin la presión de saber que alguien va a estar oyendo lo que dice.
  Si nuestro trabajo se desarrolla de cara al público, nunca una llamada telefónica puede hacernos abandonar al cliente al que estemos atendiendo. Si esta situación se produjera, encargaremos que se comunique a quien nos solicite que ya le llamaremos más tarde. Y lo mismo vale para el caso en que el cliente entrara en el momento en que estamos hablando por teléfono; suspenderemos de inmediato la conversación, explicando evidentemente la circunstancia, para atender a quien llega.
  Si tenemos invitados en casa y alguien nos llama por teléfono, pediremos disculpas a los invitados por ausentarnos y atenderemos la llamada, aunque explicando a nuestro interlocutor que tenemos visitas, que no podemos demorarnos y ofreciéndonos para llamarle en cuanto estemos solos.
  Si cuando llamas por teléfono, la voz que te responde te informa de que te has equivocado de número, no hagas eso que hacen muchos de colgar el aparato sin siquiera disculparte. Resulta de pésima educación. No cuesta nada reconocer que te has confundido y pedir excusas. Lo mismo podría decirse de quien, al hacer una llamada, en lugar de identificarse, empieza exigiendo que se identifique el que ha descolgado el aparato. Es lógico que quien tiene un motivo para hacer la llamada empiece por decir quién es y el motivo de su llamada. Aparte de razones de educación y cortesía, hay también otras de seguridad que justifican que quien ha recibido la llamada se resista a dar información sobre a quién pertenece el número de teléfono con el que se está hablando.
Televisión Si has decidido no perderte el episodio del culebrón que tanto te apasiona, a pesar de que su emisión coincidirá con la llegada de unos amigos a los que invitaste, piénsatelo dos veces antes de hacerlo. Puede que ellos no lo sigan con el mismo interés que tú, y piensa que si han venido ha sido para veros a vosotros no para seguir los tormentosos amores de fulanita y menganito. Si eres una fanática del culebrón  y quien dice culebrón dice partidos de fútbol u otra cosa  programa tus invitaciones en función de los horarios de televisión o graba los programas para verlos más tarde con tranquilidad.
  Mientras esperas a que lleguen tus invitados nada impide que estés siguiendo por la televisión tu programa favorito. Pero, una vez estén allí, es obligado apagarla. A no ser que ellos manifiesten vivos deseos de ver ese programa. No todo el mundo es adepto a la pequeña pantalla. Si diera la casualidad de que tus amigos no fueran partidarios de ella, no los mires como si formaran parte de una especie extraña. No hagas que se sientan culpables ni que se vean forzados a defenderse.
Trabajo

Si aspiras a un empleo y se te ha convocado para una entrevista, piensa que causar una buena impresión es fundamental, y esto a veces depende de cosas como:

  • Vestirse de forma discreta: se trata de conseguir un trabajo y no de seducir a nadie.

  • Asegúrate de que tu presencia sea impecable: evita los vestidos sucios o con manchas, los dobladillos descosidos, los tacones de los zapatos comidos o el esmalte de las uñas medio saltado.

  • Más vale que te atengas a un conjunto con falda; hay quien todavía considera inconvenientes los pantalones.

  • No esperes a esta ocasión para estrenar un vestido; si quieres ponértelo, procura llevarlo tres o cuatro veces antes de la entrevista para quitarle su aspecto de nuevo.

Trinchar Empeñarse en seguir la tradición y trinchar las carnes ante los invitados no deja de tener sus riesgos, desde salpicar con la salsa o con el aceite hasta tirarle algún trozo de la pieza a algún invitado. Por esto, si no lo has hecho nunca, lo más aconsejable es que practiques unos días antes del convite o que te decidas por hacerlo en la cocina. Si se trata de aves como el pollo, pato o faisán, se empieza por separar las alas, después los muslos, las patas, y finalmente se parte la pechuga con unas tijeras. Las patas o las paletillas de lechal no ofrecen dificultades, pues se trata simplemente de cortar lonchas no muy gruesas, en sentido oblicuo, y de ir contorneando el hueso. Finalmente el redondo de ternera exige que se corten unos medallones de grosor medio.
Triunfar No confundas los terrenos. Hay que saber deslindar perfectamente el espacio profesional del que se reserva a la amistad. Si profesionalmente te va muy bien y estás orgullosa de ello, cosa muy lógica, esto no debe llevarte a confundir a tus amigos con tus competidores y a abrumarlos con la insistente narración de tus triunfos. Con este tipo de conducta sólo conseguirás alejarlos, hacer el más espantoso de los ridículos y que se rían conmiserativamente de tí a tus espaldas.
Turnos Si a la entrada de cualquier establecimiento coincides con otra persona que amablemente te sujeta la puerta para que pases, después, cuando quien despacha pregunte quien tiene la vez, no cometas la descortesía de querer hacer valer tu preferencia en la entrada a la tienda. Corresponde a la atención de quien te sujetó la puerta, ofreciéndole el turno.
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