| Queso |
Los
quesos secos, tipo parmesano, se congelan bien rallados. |
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Los restos de
queso pueden aprovecharse: reúnelos, córtalos a trocitos, ponlos en un
cazo con leche y caliéntalo hasta que se fundan, espésalo si es preciso
con un poco de Maizena y aromatízalo con algún buen vino que tengas a
mano. Cuélalo todo y envásalo en un frasco que guardarás en sitio
fresco. |
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Aprende
a conocer el queso de Camembert:
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Transcurridas
3 ó 4 semanas de la fecha de empaquetado se considera que es un queso
joven; su aroma es suave y su carne dura y blanca.
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A
dos semanas de expirar el plazo en que se autoriza su venta se
considera que es un queso semimaduro; si bien conserva un núcleo
central firme, su aroma, algo así como a champiñones, es ya más
intenso.
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La
madurez completa la alcanza aproximadamente una semana después de
expirado el plazo de venta aconsejado. Su carne es entonces muy
tierna, casi líquida, y unas manchas marrones en su corteza indican
que el queso está maduro. Su sabor es entonces mucho más fuerte.
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El queso no es
amigo del excesivo calor, pero tampoco del frío excesivo. Puedes
guardarlo en la nevera si te atienes a estas dos reglas: envuelve cada
pieza en su papel de plástico correspondiente y almacénalo en el cajón
de las verduras. De todos modos es aconsejable sacarlo a que se temple a
temperatura ambiente una media hora antes de servirlo (2 horas para los
quesos duros), quitándole el envoltorio. De esta forma recuperará su
aroma y su tacto. |
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Si tienes una
quesera de esas tradicionales, de campana, y quieres que tu surtido de
quesos se conserve fresco por más tiempo, te aconsejamos que junto con
ellos metas bajo la campana un terrón de azúcar. Este absorberá el agua
de condensación y la humedad, retardando la aparición de esas irritantes
manchas de moho. |
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Los quesos se
conservan mejor cuando el aire presenta una concentración alta de
humedad. Un buen sistema para conseguir esta proporción satisfactoria de
humedad consiste en coger una maceta de barro, mojarla bien para que
absorba agua, y utilizarla como campana para guardarlo. De este modo se
mantendrá fresco durante más tiempo. |
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Los quesos
aportan tantas proteínas como la carne; además contienen más calcio que
ella, aunque su contenido en hierro sea menor. Por término medio 70 gr.
de un queso compacto poseen tantas proteínas como 100 gr. de carne. No
obstante, todo depende de la clase de queso. Los frescos, tipo requesón o
Burgos, son los más pobres en proteínas: de 7 a 9 gr. por cada 100 gr.
de queso. A continución se sitúan los tiernos, como el camembert o el
brie, con 20 gr. Los más duros, como el gruyère, son los más ricos en
proteínas, con un contenido de entre 24 y 29 gr., por 20 que tiene la
carne. |
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Si
un pedazo de queso se ha resecado demasiado, envuélvelo de la forma más
hermética posible en un paño empapado en vino blanco. Al cabo de unas
horas te comerás el queso la mar de a gusto. |
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Sobras
de queso:
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forma
una pasta con los restos de queso, triturándolos con mantequilla o
crema de leche. Unta unas rebanadas de pan con la pasta, gratínalas
en el horno y decóralas con finas hierbas trinchadas, unas rodajas de
tomate o nueces.
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quítales
la piel a los restos de queso, córtalos a dados, rebózalos en pasta
para freír y fríelos en buñuelos.
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puedes
reemplazar por estos restos de queso el tradicional emental que
empleas para gratinar.
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para
4 personas, mezcla un bol de restos de queso, desmigajados o rallados,
con 2 yemas de huevo, una cucharada sopera de crema de leche y una de
pan rallado. Forma con la pasta una especie de butifarra gruesa,
córtala luego a trozos iguales, rebózalos en una mezcla de pan
rallado y maizena y fríelos.
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corta
los restos de queso a dados, para animar una ensalada.
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cuece
unas patatas al vapor y salséalas con los restos de queso fundidos
con un poco de crema de leche
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prepara
unos flanes, mezclando yemas de huevo y crema de leche espesa con los
restos de queso. Añade una pizca de finas hierbas, llena moldes
individuales con esta preparación y cuécelos al bañomaría en el
horno.
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No
los tires. Rállalos, añádeles un huevo batido, forma bolitas,
rebózalas en pan rallado y fríelas en aceite. Tendrás una deliciosa
tapa.
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Un
queso excesivamente oleoso, que suelta constantemente aceite, puede
remediarse envolviéndolo un par o tres de días en una hoja de papel
absorbente, papel de cocina,
por ejemplo. Cuando el papel esté saturado, hay que cambiarlo por uno
nuevo. |
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