Sal

Un puñado de sal marina sobre las primeras brasas hace arrancar más fácilmente un fuego.

 

Espolvorea con sal fina el perímetro de la tapa de tu congelador. Evitará la formación de hielo.

 

La sal echada al agua fría retarda su ebullición. No la sales, pues, hasta que hierva.

 

Podrás quitar la piel de las avellanas si les echas encima agua salada.

 

Puedes eliminar los olores de cocina de tus manos, lavándolas bajo el grifo con sal, como si fuese jabón.

 

Un plato muy salado o muy ácido no debe estar en un cacharro de aluminio más que el tiempo de cocción.

 

Una cucharada de café de sal gorda disuelta en el agua caliente te conservará su temperatura por más tiempo.

 

Una cazuela de barro en la que se cuece agua avinagrada y un puñado de sal resiste mejor los malos tratos.

 

Un poco de sal en el agua de cocción facilita luego la tarea de pelar los huevos duros.

 

Para evitar que la harina se estropee se le agrega una pizca de sal.

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