Sal

Si no vas a comer las salchichas en el día, consérvalas en una solución débil de sal.

 

Lava una mancha reciente de café con agua salada o con un poco de leche fría antes de utilizar el jabón.

 

Para quitar una mancha de té o café de una taza se moja con vinagre y se frota con un paño humedecido en agua salada.

 

Una mancha de huevo sobre la plata se quita espolvoreando con un poco de sal y frotando luego con un paño húmedo.

 

Las legumbres secas se conservan mejor en su recipiente si las guardas junto con una cucharada de sal gorda.

 

Para desalar unas anchoas ponlas a remojo en leche cruda y quedarán perfectamente desaladas.

 

Si espolvoreas con sal fina la parte cortada de un limón, se conservará sin problemas hasta una próxima utilización.

 

El agua muy blanda acentúa la acidez del café. Para compensarlo, añade una pizca de sal.

 

Si durante la cocción de un plato te apercibes de que se te fue la mano con la sal, una patata cruda a cuartos, que retirarás antes de servir, te lo salvará. Si, en cambio, te das cuenta del problema al final del proceso, añádele una cucharada de café de azúcar. Si un plato está demasiado dulce, un pellizco de sal lo disimulará

 

El agua destinada a la cocción de la pasta o de verduras debe salarse en frío, pues de esta manera alcanza antes el punto de ebullición.

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