Viajes

Antes de emprender un viaje en coche, realiza las siguientes tareas y comprueba los extremos siguientes:

  • haz el engrase y el cambio de aceite si fuera necesario.

  • comprueba la presión de las ruedas.

  • acostúmbrate a circular siempre con el depósito lleno. Te ahorrarás muchas angustias, si tienes la desgracia de encontrar retenciones, accidentes, inclemencias meteorológicas, etc.

  • asegúrate de llevar las herramientas imprescindibles: gato, rueda de repuesto convenientemente inflada, correa de ventilador de repuesto y juego de bombillas para las luces.

  • en caso de avería, retira el coche de la calzada al arcén y si es posible, sácalo de la carretera.

  • antes de ponerte en marcha, comprueba la posición correcta de los asientos y de sus anclajes.

  • asegúrate de que los retrovisores te van a devolver una imagen perfecta de lo que sucede a tus espaldas.

  No lleves en la guantera más que aquello que sea útil para el viaje. Es importante pararse a comer, y no comer en el coche, sino buscarse, mejor, un rincón agradable y tranquilo. Como máximo, haz una pausa de diez minutos cada tres horas de conducción para poder estirar las piernas, que los niños corran un poco, etc. Si prevés que antes de las 23 horas no vas a alcanzar tu lugar de destino, es preferible que hagas noche a medio camino. Frecuentemente se encuentran albergues más baratos que los de la carretera o autopista principal en algún pueblecito a un par de kilómetros. Y si es imprescindible viajar de noche, ten presente que entre las dos y las tres de la madrugada es el momento en que tu cuerpo acusa más el cansancio.
  En verano lo ideal es viajar entre semana o en domingo, para evitar congestiones. Si tu forma física es buena, el viaje de noche tiene la ventaja de ahorrarte el bochorno del día. Otra ventaja es que los niños duermen en el coche. Pero si quieres llegar a buen puerto es preciso que respetes las normas de la conducción nocturna: haz un alto en el camino cada dos horas o en el mismo momento en que te acometa la sensación de fatiga. Da un pequeño paseo al borde de la carretera y toma un café. Si sois dos a conducir, podéis relevaros al volante y dormir mientras el otro conduce. Cualquiera que sea la fórmula elegida, evita cenar copiosamente el día antes de la partida y acuéstate temprano.
  Para llegar sin percances a fin de viaje no basta con que el coche haya pasado todas las revisiones de rigor. El conductor debe también observar, aparte de las establecidas por la ley, las normas de seguridad elementales. Entre éstas se cuentan los intervalos de descanso. Los expertos aconsejan los siguientes: tras una hora de conducción, efectuar una pausa de cinco minutos; tras tres horas, la pausa deberá ser de diez minutos, y de veinte cuando se lleva cinco horas al volante. Si has conducido siete horas, el reposo debe ser como mínimo de una hora, y tras diez horas, debes hacer noche inevitablemente. Aprovecha estas pausas para realizar algunos sencillos ejercicios gimnásticos que te desentumezcan.
  Siempre que vayas a viajar sola informa previamente de tu viaje a un amigo o miembro de la familia, indicándole, además, la hora aproximada en que piensas llegar a destino. Dale un número de teléfono a través del que pueda contactar contigo, y llámale cuando llegues. Asegúrate de que llevas monedas sueltas para casos de emegencia. Si eres miembro de alguna asociación de automovilistas, lleva contigo siempre la documentación que lo acredite. Si tienes una avería en la autopista, no salgas del coche para utilizar el teléfono de socorro sin antes haberte asegurado de que sea prudente y seguro hacerlo. Informa al operador de que estás sola para que dé preferencia a tu llamada en el orden de servicio, y trata de esperar la llegada de la grúa en algún lugar discreto.
Viento  Reduce tu marcha y evita en lo posible los adelantamientos. Circula con precaución junto a los grandes camiones, tanto por los bandazos que pueden dar cuanto por los efectos del viento sobre ellos. A la entrada y salida de los túneles, ten en cuenta la acción de las ráfagas y sé especialmente precavida en aquellos tramos de carretera más expuestos al viento.
Volar Cierra el paso de tu imaginación a pensamientos negativos, y antes de emprender el vuelo conciénciate de tu miedo. Sólo quien no se reprima será capaz de desarmarlo. Conversa con otras personas sobre tus miedos, preferentemente con aquellas que tengan experiencias positivas de sus vuelos. Lucha contra ideas del tipo "ahora viene cuando nos caemos" y trata de reemplazarlas por pensamientos positivos, pensamientos que se refieran, por ejemplo, a lo tranquilo que está siendo ese vuelo. Evita las tensiones y preséntate en el aeropuerto con tiempo sobrado para acostumbrarte a su atmósfera. No olvides que el café y el alcohol, por ser excitantes, son como veneno para quien sufre de miedo a volar. En el aeropuerto no te sientes, antes bien procura estar de pie y pasear: el movi-miento es un buen medio para luchar contra la tensión. Y finalmente trata de trabar conversación con tu vecino de asiento, sobre todo en los momentos de despegue y aterrizaje.
   
   
   
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